Las cuatro estaciones se han quedado en dos
Lejos han quedado ya las cuatro estaciones, que no solo venían marcadas en el calendario sino que se vivían con total intensidad, cada una con sus particularidades. Los largos inviernos, la esperada primavera, los calurosos veranos y el melancólico otoño, con sus respectivas características y peculiaridades, se vivían con total intensidad y éramos perfectamente conscientes de los tránsitos que siempre venían precedidos de señales atmosféricas diferenciadas.
Hoy todo es diferente como consecuencia del ya evidente cambio climático, y ya no tiene sentido hablar de cuatro estaciones porque los inviernos son cada vez menos fríos y más cortos y los veranos más largos y calurosos.
Tendremos que cambiar de hábitos para adaptarnos a los nuevos ciclos atmosféricos porque, queramos o no, el tiempo ya no es el que era y en cualquier momento nos puede sorprender con una nevada a destiempo, un temporal o una tormenta tropical, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que se han acabado las estaciones, aquellas cuatro estaciones que no volverán. Vendrán otras, seguro que vendrán otras, pero no serán las mismas.
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