Paisaje después de la batalla (21). Lula 2.0
La tradición y las leyes establecen, en el gigante de América Latina, que todo presidente electo tome posesión de su cargo el 1 de enero, tras la proclamación del resultado electoral. Así ha sido, una vez más, en Brasil, pero con la peculiaridad del retorno al Palácio do Planalto del político con mayor carisma al sur de Río Grande. Se abre un nuevo ciclo político en este inmenso país, tras la experiencia abominable de la presencia del neofascista Jair Bolsonaro, que ha dejado su país destrozado en todo lo que ha tocado.
1. Pero Brasil ya no es el Brasil de 2003. El Brasil en el que Lula arrasó en las elecciones con un 61% de los votos y con 22 puntos por encima de su contrincante. Esta vez, el resultado ha sido muy ajustado (apenas el 1,8% por encima de Bolsonaro).
2. En 2003, Lula solo representaba al PT (Partido de los Trabajadores), aunque en la segunda vuelta lo apoyaran liberales y comunistas; en 2022 se presentó en una coalición de diez partidos que van desde la derecha, pasando por el centro y la izquierda. Consecuencia de ello es la formación de su gabinete de 37 ministros, en el que la presencia de ministros ajenos al PT y a la ideología izquierdista que representa Lula ha sido una exigencia de sus antiguos opositores y contrincantes políticos de la primera vuelta de las elecciones. Su vicepresidente será Geraldo Alckmin (PSB), del partido de centro-derecha.
3. En 2003, Lula no desarrolló una política económica de corte izquierdista (como lo pedía su partido y socios electorales); entendió que las políticas redistributivas, las políticas socialdemócratas, eran las únicas que posibilitarían el desarrollo de su país. Y acertó. Puso a su país en el mundo y entró con fuerza a liderar los BRICS (países en desarrollo, junto a Rusia, India, China y Sudáfrica). Tras conseguir la sede del Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016), Brasil fue un actor imprescindible en la política internacional. Bolsonaro dilapidó todo este legado y sumió a su país en la oscuridad de los tiempos. Fue un apestado en el contexto internacional, solo apreciado por su homólogo Donald Trump.
4. Al final de su mandato, en 2010, Lula había conseguido sacar de la pobreza extrema a 30 millones de ciudadanos y un crecimiento económico espectacular; bien es cierto que contó con la notable apreciación de las materias primas. Con Bolsonaro la pobreza volvió a Brasil. Y esta es la herencia con la que tiene que lidiar el gobierno de coalición, donde no todos los intereses remarán en la misma dirección.
5. ¿Volverá a ser la Amazonia uno de los pulmones del mundo? Lula se ha comprometido a ello, pero no lo tiene fácil. El destrozo de los neofascistas es considerable y los diversos intereses en el seno del Consejo de Ministros obligan a la prudencia. Lo más probable es que se consiga frenar la sangría medioambiental, que no será poco.
6. La lucha contra la pobreza, en mi modesta opinión, será la verdadera batalla de Lula 2.0, porque es en este terreno donde se juega todo su legado, sabedor de que ya no volverá a tener otra oportunidad y porque los tiempos corren a su favor. Estamos presenciando el fin del neoliberalismo (inagurado por Reagan y Thatcher) con una vuelta a políticas keynesianas aplicadas incluso por partidos de centro-derecha y propiciadas por organismos como el FMI o el Banco Mundial, otrora verdaderos azotes contra la redistribución.
7. En la esfera más política, el reto más importante del nuevo gobierno de Lula es romper con la división del país. Brasil está partida en dos: los 58 millones que apostaron por seguir con Bolsonaro, no todos son fascistas (esa sería una lectura torpe y nada constructiva). Muchos votaron por Bolsonaro porque siguen dudando de la inocencia de Lula. El "lawfare" en Brasil y el papel ejercido por el juez Sergio Moro han sido letales. Revertir este imaginario tiene mucho de pedagogía política. Por el otro lado, de los 60 millones que votaron por Lula, mucho es voto anti-Bolsonaro. Votantes que no podían soportar cuatro años más con la "espada de Damocles" sobre sus cabezas esperando un golpe de Estado y la destrucción de las instituciones.
8. La contribución del Brasil de Lula en la construcción de la nueva izquierda latinoamericana, junto a Petro en Colombia y Boric en Chile, es lo más esperanzador para un continente que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. Tendrán que hacer muchos equilibrios con México y Argentina para conseguir un lenguaje común y, desde luego, romper amarras definitivas con el cáncer que, para la izquierda representa el tenebroso matrimonio Ortega-Murillo en la sufrida Nicaragua.
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