Oración de un agnóstico
Hace poco, en la iglesia Santa María Maravillas de Jesús de Getafe, escuché una breve homilía en la que se exponía el tema de la fe... Creer en tiempos de Jesús era un aceptar lo que se veía y lo que se prometía... Más tarde el misterio de la fe trepida constantemente en el interior del ser humano.
Decía el joven sacerdote, al finalizar su breve pero intensa homilía, hoy, creer está rodeado de todo tipo de pruebas y dificultades... No hay respuestas... por eso solo existe un camino, la oración constante: ¡Señor!, ayúdame. ¡Dame el don de la fe!
Tiene razón el sacerdote. Al hombre, al cristiano, las circunstancias que rodean a todo tipo de sociedad oscurecen la verdad religiosa... entorpecen la fe sencilla del pueblo... facilitan el agnosticismo... Por eso, repetía el sacerdote: “¡Señor!, ayúdame. ¡Dame el don de la fe!”.
El decaimiento de las órdenes religiosas... las conexiones interesadas de las estructuras civiles con las jerarquías eclesiásticas... El sometimiento, en ciertas naciones, de la verdad cristiana a la violencia política... La dispersión de las costumbres cristianas, incluso en muchas parroquias... La adaptación de los conceptos religiosos a las modas de las sociedades actuales.... son solo un pequeño resumen de la auténtica realidad laica de nuestro mundo.
Iglesias cerradas, dicen por seguridad... antes era la pandemia.
Pequeños oratorios dentro de los templos vacíos porque no hay accesos alternativos...
Actividad pastoral muy segmentada, según tipo de parroquia...
Jerarquía alejada de los creyentes de “a pie de calle”...
Selectividad, sí, selectividad dentro del organigrama eclesial...
Roma... Corte de emperadores modernos, salvo la curia espiritual que rodea al Santo Padre...
Por eso tenía razón el sacerdote: “¡Señor!, ayúdame. ¡Dame el don de la fe!”.
¡Qué difícil es abrazar la fe de la cruz después de dos mil años!
Pero Dios está ahí... nos contempla... sonríe... porque es nuestro Padre...
Quizás algún día, cansados y defraudados, busquemos la Verdad y con sinceridad suplicaremos: “¡Señor!, ayúdanos. ¡Danos el don de la fe!”.
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