Se nota que entramos en año electoral
Volvemos a estar en año electoral y los partidos políticos ya empiezan a querer posicionarse en la línea de meta lo mejor posible. Unos y otros dan la impresión de estar haciendo crítica y oposición a una dictadura y no a una democracia, con descalificaciones a troche y moche los unos contra los otros. Quienes gobiernan sacan pecho y presumen de haberlo hecho tan bien como ningún otro antes; desde la oposición les ven fallos y goteras por todas partes y de tener el tejado a punto de hundirse. Los ciudadanos, si dejamos las pasiones ideológicas en el trastero de la casa, vemos que, como dicen en el concejo de Aller: “Onde nun hai panchón, toos riñen y toos tienen razón”, y echamos en falta un sinfín de cosas.
Uno, que no es experto en casi nada y menos aún en temas políticos, ve que esto es una madeja tan liada que no va a haber experto que la pueda desliar. Si nos guiamos por lo que nos pasó cuando gobernaba el señor Zapatero, debemos recordar que también como ahora era un poco el “tira adelante y el que venga detrás, que arree”. El PP entonces, más o menos como ahora, prometía arreglar la situación y ganó las elecciones; una vez en el poder, se vio obligado a cumplir con una serie de requisitos que la UE exigía a España para no ser intervenidos por los famosos “hombres de negro” y cuyas medidas en nada se parecían a todo lo que en campaña electoral habían prometido. Yo no sé si el señor Núñez Feijóo es consciente de lo que se le viene encima; si lo es, bien haría en ir diciendo a los españoles todos los sacrificios que nos va a tener que exigir para cambiar el erróneo rumbo de la “nave España”. A mi entender, el señor Zapatero fue -con perdón- un desastroso gestor de nuestras cuentas públicas, pero, al lado del señor Sánchez y su equipo, lo que hizo de negativo fue una minucia en comparación con lo que este ahora nos va a dejar de herencia. Tenemos deuda pública para echarse a temblar, y si siguen subiendo los tipos de interés, no es que no generemos riqueza suficiente para poder amortizarla, sino que difícil parece que podamos hacer frente al pago de los intereses que la misma genera. Ojalá me equivoque y todo salga bien; que gane el mejor y más sincero y el que mejor lo sepa hacer; que bajen el paro, la inflación, las listas de espera en la sanidad pública, y que los políticos se preocupen de mejorar la situación de sus paisanos y no solo de mantenerse en la poltrona conseguida con el voto ajeno.
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