Nuestros mayores se merecen un respeto
Aparecen estas fechas en los medios, principalmente prensa, diversas protestas de las trabajadoras de las residencias de mayores de Asturias (Gijón, Aller, Pravia, Avilés) dependientes del ERA, denunciando la escasez de plantillas para atender a los mayores ingresados, principalmente dependientes. Hablan de un tiempo récord para asear, vestir y levantar inferior a diez minutos. Una auténtica maratón solo apta para personas jóvenes y fuertes, que terminarán agotadas.
Aparecen en algunos casos también denuncias por escasez de ropa de cama y a veces mala calidad de las comidas, principalmente cuando está externalizado el servicio. Esto es lo que sabemos de las residencias públicas, porque de las privadas, para no perder el puesto de trabajo, no se arriesgan a denunciar, aunque seguro que otro tanto o más acontece.
No es de recibo lo que está pasando. Después de una etapa difícil como ha ocurrido durante dos años de pandemia, donde las trabajadoras han sido la fuerza principal para combatir el aislamiento de los residentes, poniendo toda su entrega y salud para evitar una cifra de fallecimientos que ya de por sí resultó dramática, reducir las auxiliares cuando lo necesario es ampliarlas para mejorar la atención es muy grave.
Desde la Consejería y el Gobierno regional, con su presidente a la cabeza, no se puede estar hablando de la mejora en los presupuestos para este año y por atrás meter el bisturí para recortar plantillas y prestaciones. Hay que tener coherencia en el discurso y compromiso social con hechos, porque luego nos llama la atención la desafección de la ciudadanía a la clase política. Las personas mayores y sus familias, que son un importante apoyo para el cuidado de los residentes, se merecen otro trato, más profesional aumentando las ratios y de calidad en los equipamientos y la alimentación. Si se externaliza un servicio, debe hacerse una inspección permanente para ver que se cumple con lo contratado.
¡Basta ya! No sigan jugando con las vidas de nuestros mayores, pues se merecen un respeto tanto en lo público como lo privado. Es el final de un trayecto por donde pasaremos todos y debemos exigir condiciones dignas para los actuales y futuros. Ánimo a las trabajadoras en su lucha por mejorar las prestaciones de los centros.
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