Y en la Laboral: Labordeta
Mensaje para el Perú.
En el multitudinario cierre de la Muestra de Cine Social y Derechos Humanos en la Laboral de Xixón, con protagonismo de Labordeta a través de la película que opta a los "Goya", con la presencia de su hija Paula, codirectora, y con las versionadas y entrañables canciones del cantautor maño por parte de Vaudí, Puri Penín, Jacobo de Miguel, Mapi Quintana... se hacía mención expresa y especial a la represión en el Perú y en Palestina, por escoger, dijo la presentadora, dos de los espacios geográficos de más intensa violación de los derechos de las personas del presente.
Hasta el moño dijeron estar también de otra extensa lista de situaciones, que abarcan desde el machismo, las políticas de incitación al odio de la ultraderecha, el racismo, o el militarismo y el armamentismo creciente en Europa.
Por ello más que oportuna fue la recordatoria fílmica de un Labordeta en el Congreso, en el momento histórico del PP enganchado al gerrerismo en la invasión de Iraq, cuando leyó el poema de su hermano Miguel: "Mataos, / pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna. // Si vuestra rabia es fuego que devora al cielo / y en vuestras almohadas crecen las pistolas: / destruíos, aniquilaos, ensangrentad / con ojos desgarrados los acumulados cementerios / que bajo la luna de tantas cosas callan, /
pero dejad tranquilo al campesino / que cante en la mañana / el azul nutritivo de los soles. // Invadid con vuestro traqueteo / los talleres, los navíos, las universidades, /
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece, / triturad toda rosa hallada; al noble pensativo, / preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte /
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes, / en esta misma hora que sonríe / por una desconocida ciudad de provincias, / pero dejad tranquilo al joven estudiante /
que lleva en su corazón un estímulo secreto. // Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas / de entelequias, estructuras incompatibles, / pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo / ríe con los amigos en aquel bar de la esquina. // Asesinaos si así lo deseáis, / exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas /
que jamás asiríais un fusil de bravura, / pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar / que con su mujer pasea en los económicos atardeceres. // Aplastaos, pero, vosotros, / los inquisitoriales azuzadores de la matanza, / los implacables dogmáticos de estrechez mentecata, / los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa, / los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones / preparáis la trituración de los sueños modestos / bajo un hacha de martirios inútiles. // Pisotead mi sepulcro también, / os lo permito, si así lo deseáis inclusive y todo, / aventad mis cenizas gratuitamente / si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos, / pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna, / al campesino que nos suda la harina y el aceite, / al joven estudiante con su llave de oro, / al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo, / y al hombre gris que coge los tranvías / con su gabán roído a las seis de la tarde. // Esperan otra cosa. / Los parieron sus madres para vivir con todos, / y entre todos aspiran a vivir, tan solo esto, / y de ellos ha de crecer, si surge, / una raza de hombres con puñales de amor inverosímil, / hacia otras aventuras más hermosas.
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