Hay atentados y atentados
No hay nada como una polémica para hacer estallar mi pedante interior (incluso exterior), pero como mis compañeros de tertulia no me dejaron hablar demasiado, les prometí fustigarlos con este artículo, sin interrupciones.
Hablábamos de los atentados de los que fueron objeto personajes de relevancia como Kennedy o Reagan..., y más profusamente de los miniatentados en fase de preparación, como el de Pedro Sánchez u otros héroes de nuestro Gobierno. Demasiado para la Historia.
Un breve repaso empezando por el último "terrorista" de vainilla y chocolate nos lleva a Pompeyo González, 74 años, jubilado, coleccionista de recortes de Dolores Ibarruri (La Pasionaria) y de artículos laudatorios de la banda asesina ETA.
Aunque el Gobierno llegara a relacionarle con la "extrema derecha fascista", según las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no es un «loco», sino alguien fanatizado por la ideología comunista. La "broma" de enviar seis cartas bomba le ha condenado a "prisión incondicional por terrorismo".
Empezó la fiebre de las cartas intimidantes de supuestos extremistas de derecha contra honorables representantes del pueblo, y fue Marlaska quien recibió la primera con amenazas de muerte y varias balas de gran calibre (CETME) que, milagrosamente, no fueron detectadas por el escáner. Archivada por falta de pruebas.
La carta que recibió Pablo Iglesias, con una captura de imagen donde podían verse tanto el sobre como la carta manuscrita y las cuatro balas, fue publicada en Twitter por el propio Iglesias, imprudencia infantil, en ningún caso deliberada, que hizo imposible un seguimiento de la Científica, por contaminación de pruebas. Archivado.
También pidió protección y abandonó sus vacaciones en Asturias al sentirse amenazado por el "atentado" que suponía una pintada en la carretera que decía "rata", e Iglesias, en su egolatría, dio por hecho que se refería a su persona. Archivado por falta de pruebas.
La ministra Reyes Maroto fue intimidada por un vecino de El Escorial, diagnosticado con esquizofrenia, quien acudió a una oficina de Correos de la localidad y remitió un sobre manuscrito (dejó el rastro de su nombre y dirección), con una navaja de acero inoxidable, en apariencia ensangrentada, sin que el escáner, milagrosamente, la detectara. La Policía optó por no detenerle.
No hizo falta activar la alerta terrorista porque ya estamos en "alerta 4", pero en todo caso, por fortuna, no hubo que lamentar ni un rasguño, aunque Maroto dijo pasarlo mal y a Yolanda Díaz, habitual sobreactuante, por poco le da un parraque al enterarse.
Manuel Murillo, un "terminator" francotirador que planeaba atentar contra Pedro Sánchez, "bebía orujo en cantidad, y alucinaba con que era un héroe y salvaba a la patria". La Audiencia Nacional consideró que su plan no era creíble ni factible, pero le cayeron 2 años y 6 meses por un "delito de homicidio en grado de proposición", y 5 años por "depósito de armas de guerra" (entre las prohibidas, un fusil CETME).
Nada que ver con la épica de Aznar, que sufrió cuatro intentos de asesinato por parte de ETA. Tres en 2001, en el periodo de trece días, donde el objetivo era derribar el avión en el que viajaba con un lanzamisiles (un SAM-7 de fabricación rusa). Otro en 1996 (una mujer muerta y 16 heridos), del que libró gracias al blindaje de su coche. Tras la explosión, llamó a su casa y le dijo a la sirvienta: "Hoy voy a llegar un poco tarde", y lo llevaron al hospital. A otros les hubiera faltado tiempo para auntoincluirse en la "Memoria histórica".
Como evidentemente hay atentados y atentados, "al César lo que es del César".
Saludos cordiales.
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