La victoria de Novac Djokovic
El 28 de agosto del año pasado LA NUEVA ESPAÑA me publicó una carta de título "Un aviso para navegantes", en la que contaba que en el Torneo de tenis de Wimbledon de ese año Djokovic fue sometido a tantas alcaldadas que a pesar de que lo ganó descendió varios puestos en la clasificación ATP. En realidad, Djokovic era el pretexto de EE UU para enviarle al Gobierno de Serbia una advertencia por su falta de interés en entrar en la OTAN.
Pero no todos los mandatarios tienen el temor que los de la UE a irritar al imperio de Biden, que aunque empieza a deshilacharse, y más por eso, puede desestabilizar a sus gobiernos. El Gobierno australiano es laborista, es decir, socialdemócrata, y su ministro de AA EE no dudó en invitar a Djokovic a participar en el Open de Australia, torneo que este ganó, pasando a ser hoy el número 1 de la clasificación de la ATP.
¿Qué diríamos los españoles si lo que le ocurrió a Djokovic le hubiera sucedido a Nadal? Estaríamos indignados. Pues Djokovic es para los serbios un ídolo mayor que Nadal es para los españoles, y ello por la razón de que los españoles hemos abrazado un religión nueva, el fútbol, y en ella hay muchos "santos" a los que venerar -Iniesta; el Sporting o el Oviedo; el Madrid o el Barcelona; el Athletic o el Atlétic, etcétera-; sin embargo, al no destacar Serbia en el fútbol Djokovic no tiene "santos" rivales.
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