Seamos más objetivos
Lamentable la batalla mediática propiciada por la derecha reaccionaria en todas sus derivaciones sobre los efectos negativos de la ley llamada "solo sí es sí" por rebajar ¿en muchos casos? las penas impuestas a los violadores, maltratadores y machistas. Este circo forma parte de la pesadilla que vive este país desde hace ya unos años con unos medios al servicio de intereses reaccionarios, alentados por una oposición política -el “no” permanente- que utiliza todas las artimañas y malos modos para tumbar cualquier iniciativa progresista del Gobierno legítimo de coalición.
Me niego a entrar a valorar los casos que se han dado y si con otra fórmula no ocurriría lo que algunos se han atrevido a decir "el mayor ataque al feminismo", olvidándose de que cuando gobiernan no se preocupan para nada de las mujeres, negándoles hasta el derecho al aborto. Está claro que existe una actitud proclive de algunos jueces a desacreditar dicha ley apresurándose a rebajar condenas con una interpretación sesgada de la nueva norma, pero, como dijo un experto juez, aumentar las condenas no disuade al delincuente, porque en EE UU, con pena de muerte, siguen existiendo los tiroteos masivos.
Porque lo relevante es el daño que se hace expandiendo el miedo y la sensación de impunidad, como si se hubiera implantado un estado permisivo para los violadores. Tampoco se valora algo fundamental que aporta "solo sí es sí", como es no dejar a la interpretación burda, soez e irrespetuosa de cuando se juzga un ataque a la dignidad de una mujer tener que demostrar con mordiscos y rasguños que realmente no se había insinuado o no pudo decir no. Cuántas sentencias nos han avergonzado e indignado porque excedían lo éticamente asumible.
La modificación a la carrera de la ley es un triunfo de los sectores reaccionarios, de los medios manipuladores y de esa manera de hacer política que se ha implantado en este país de tumbar cualquier cosa que salga del Gobierno y, en particular, de Unidas Podemos. Ha pasado con la subida de las pensiones, los contratos de fijos discontinuos, los impuestos a la banca, el tope ibérico al gas y otras medidas que se han decretado para paliar la grave crisis que afecta a las familias por una pandemia y una guerra; no ocurrió con los bancos y sus directivos, con beneficios escandalosos a los que regaló el PP miles de millones de fondos públicos que, a pesar de sus promesas, nunca devolverán.
Pero están ahí las elecciones y se trata de disparar a lo que se mueva sobre todo si tiene contenido social. No nos olvidemos de lo ocurrido en la crisis anterior, cuando gobernaba la derecha: congelación de salarios y pensiones, subida de impuestos, flexibilidad absoluta del mercado laboral, nula reposición del personal de Administración jubilado reduciendo plantillas en sanidad, justicia, Seguridad Social... No volvamos a tropezar en la misma piedra, seamos más objetivos.
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