Transhumanismo
Por los años setenta se hablaba del secularismo como teoría social y filosofía política. Para muchos era evidente e innegable el declive de la influencia cultural y de la afiliación religiosa. Era notoria la resistencia cada día mayor a admitir la legitimidad de la religión en la política, el derecho, la educación y la moral. Sin embargo, pronto pudimos advertir la coexistencia de lo secular y lo religioso. La religión nunca dejó de estar ausente.
Pero en nuestros tiempos el panorama es distinto. Algunos han vaticinado una modernidad posreligiosa. Para muchos el movimiento transhumanista, por ejemplo, prevé un mundo en el que las tecnologías digitales, genéticas, cibernéticas, biomédicas harán posible la siguiente fase de la evolución humana. Alguien se ve ya casi cíborg, para no decir dios o diosa. Aunque también y contradictoriamente este transhumanismo empieza a parecerse a ciertos movimientos religiosos. Algo que seguramente no les parecerá bien a muchos.
Alguien ha señalado que se trata de "fusionar al hombre y la máquina, la ciencia producirá una inteligencia, una fuerza y duración de vida enormemente mayores, una encarnación divina".
Me agrada leer estos temas. Y no me inquietan, pues con tantos años a cuestas no me tocará vivirlos. Tampoco me interesan las inquietudes que puedan surgir en nuestro Ministerio de Igualdad.
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