¿Esperan otra vida? No la merecemos ninguno
«¡Que se pare el mundo, que yo me bajo!». ¿Adónde ir, don Groucho Marx?
Lo que vemos (será por la edad) da ganas de salir corriendo en busca de otro lugar más acorde con los principios y valores que uno sentía como correctos para sobrevivir los pocos años que estamos en el único mundo que conocemos y percibimos. Lo que venga detrás bienvenido será y aceptado queda.
No existen evidencias de un mundo posterior salvo para quienes creen en la inmortalidad del alma. No vamos a profundizar en ello, es un laberinto mental imposible de encontrarle una salida razonada; tenemos que limitarnos a creer en un Dios que nos dejó escrito en las sagradas escrituras que todo está en el dogmatismo. "Los dogmas de fe son verdades absolutas, definitivas, inmutables, infalibles, irrevocables, incuestionables y absolutamente seguras sobre las cuales no puede flotar ninguna duda"; creer o no creer, ahí está la cuestión. Envidio a quienes pueden creer sin la necesidad de reflexión alguna; eso sí, son pura fantasía personal, una farsa; aun siendo malos y malas a retorcer, creen en Dios. ¿Qué Dios? Será en satanás.
La Iglesia promulga muchos dogmas, todos incomprensibles para la mente humana (por eso son dogmas), aunque necesitamos pruebas para creer, muchos y muchas no las necesitan, esperan ser recompensados en el más allá a pesar de ser insolidarios, egoístas, ególatras, avariciosos, envidiosos, misándricas, misóginos, racistas, xenófobos, edadistas... Recuerden, los que somos pecadores no tendremos ese placer recompensatorio en el más allá, los ricos tampoco, los que abandonan a sus mayores y protegen al perrito, tampoco. Los corruptos, menos...
Cuando más profundizas en los dogmas, más incrédulo te haces. Les presentaré uno, quizás el más contradictorio y asimililable: "En Dios hay tres personas: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (1Juan 5:7,8) y cada una de ellas posee la esencia divina que es numéricamente la misma". No me dirán que como paradigma de lo imposible de tragar es imposible de igualar, no tiene por dónde cogerse.
Al grano: si no creemos en Dios, si tampoco podemos creer en los hombres, ¿qué hacemos aquí, a qué nos trajeron?
Antes teníamos asumida la religión, nos la metieron a calzador desde niños, creíamos en la sociedad, la familia, los vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Ahora la familia queda reducida a la mínima expresión, los vecinos ni se conocen entre ellos, los amigos ni se hablan y llaman, solo por WhatsApp; los compañeros de trabajo ya son máquinas, las nuevas tecnologías sustituyen a las personas por pantallas y robot. ¿Qué mundo estamos construyendo? ¿Adónde vamos sin relacionarnos, sin proteger y cuidar abuelos y nietos. Ya no hay niños, la baja natalidad vino para quedarse, la comodidad se adueñó del entorno. Sin niños el mundo se para por narices.
No podemos creer en los políticos, los médicos en huelga, los maestros sin autoridad, las bestias salvajes y las mascotas protegidas y los ancianos abandonados. Los delitos entre las parejas no cesan, van a más; las enfermedades mentales y suicidios, en aumento. La vivienda (un bien de primera necesidad protegido constitucionalmente) imposible e inaccesible. Las pensiones en entredicho. La sanidad destruyéndose con listas de espera de escándalo. Guerras en el primer mundo. La cesta de la compra, la luz y los carburantes (también artículos de primera necesidad) se encarecen sin freno. Las residencias de ancianos, puro negocio, indecentes, inmorales e imposibles para casi todos... ¿De verdad ustedes son creyentes? ¿De verdad piensan en otro lugar donde sean recompensados por la inmoralidad demostrada acá?
Permitan que me escojone de risa: no merecen, no merecemos otra oportunidad.
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