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Evaristo Casariego

14 de Febrero del 2023 - Antonio Parra (Cuideru)

Evaristo Casariego, “Con la vida hicieron fuego”.

"Hoy en día, nenos, non se navega, viájase", dice un viejo lobo de mar luarqués a sus nietos.

Es la mejor novela, a mi juicio, de la Guerra Civil con pathos con palabrero con gran intriga y una maestría con ferrete que es propia de los grandes maestros asturianos Clarín, Tuero, Pérez de Ayala, Dolores Medio, Camín, Faustino González Ayer. En esta obra se esculpe un retablo con sus costumbres, sus personajes azotados por las convulsiones de un mundo que moría y otro a punto de nacer, sus grandezas y defectos, sus pasiones, sus intrigas, de una villa marinera a orillas del Cantábrico en el entrelubricán del Desastre del 98, la Guerra de África y, sobre todo, la Guerra Civil.

Se trata de Ferrera. Luarca.

Seis guajes que juntos van a la escuela y hacen un voto de ayudarse mutuamente y quererse en amistad todos los días de su vida por encima de las diferencias políticas o cuestiones de partido: Quico carlista, Fernando falangista, Teresina de las libertarias obreras, Juanín fusilado por los fascistas, Lin capitán del Ejército rojo que se queda ciego a causa de la explosión de una granada en el Ebro. Quico, navegante de la Marina mercante y después al frente de un destructor en la de guerra, revuelve Roma con Santiago para dar con su paradero en Buenos Aires, Cuba, y por fin lo encuentra en México trabajando como violinista en un puticlub y se lo lleva a su casa.

El amor y la amistad están por encima de todas las cosas. Pero con su vida hicieron fuego. Es una generación quemada por sus propios ideales. En la pluma de Casariego, esta realidad alcanza cimas épicas de pasmosa graciosidad homérica.

Ya digo, se trata de la mejor novela de la guerra del 36, apenas conocida a pesar de haber dado título a una película protagonizada por Ana Mariscal hace ya bastantes años; una novela antimilitarista, antibélica, que debía de ser leída por las nuevas generaciones ahora que ese viejo estigma de la historia humana está llamando a la puerta de nuestras casas.

Quico, el protagonista maravillosamente descrito, racional, analítico, que escoge la carrera militar, manda un acorazado y realiza descubiertas en el Cabo Norte, donde apresa un barco ruso que traía un alijo de armas para el Ejército rojo en España.

Teresina acaba de corista. Fue el gran amor de la vida de Quico, pero también hubo otros maravillosamente trazados: una alemana de Hamburgo que sucumbe bajo el fósforo de los bombarderos ingleses que destruyeron la ciudad portuaria; Beatriz Olegui, la hija de un almirante fusilada por los rojos… Por fin acaba casándose con la viuda de su amigo Juanín, Armandina.

Don Evaristo no solo fue un escritor de primera fila, sino también un eximio periodista creador de la escuela ovetense de LA NUEVA ESPAÑA.

Las lenguas viperinas le endosaron el sambenito de carlista, y puede que lo fuera, pero su espíritu de amor a la tradición y a las buenas cosas de su patria se conjuga con la amistad hacia otros personajes que no comulgaban con sus ideas políticas.

Sus mejores amigos eran comunistas o socialistas, pues él los creía más inteligentes.

Profesaba un cariño especial hacia Dolores Medio, que siempre lo visitaba en su casona cuando viajaba a Asturias. A Severín Ochoa también lo tuvo por amigo cuando niño.

Le hacía visita siempre que regresaba de América por verano. Tales infundios pueden ser la causa de que su gran libro (escribió cerca de cincuenta) cayera en el olvido.

En verdad, “Con la vida hicieron fuego” es su novela mayor, aparte de diversos estudios históricos sobre el bable de la región luarqueña o la invasión de los vikingos de Asturias allá por el siglo XI.

A los amantes de la literatura nos llevan los demonios observar que los libros de Casariego estén descatalogados después de haber sido muy populares en la década de los cincuenta del pasado siglo. Aquí lo que importa por lo visto a los literatos celtíberos son los gatillazos de ese perulero recién proclamado inmortal por los franceses, y lo digo no en plan racista por sudaca, sino porque sus folletines no satisfacen el gusto ni de las porteras.

Toda esa desmemoria me parece una desconsideración precisamente para un hombre que quiso enterrar la memoria de toda una generación que pretendió cambiar el mundo mediante la revolución de las izquierdas y de las derechas.

Fueron quemados en la gran pira de la historia. Con todo y eso, de su gran obra algo queda.

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