Ciencia y cultura
Ya todo el mundo es consciente de la ruptura entre las ciencias y las humanidades. Por ejemplo, las ciencias exactas avanzan para mí por caminos incomprensibles. El conocimiento se fragmenta en especializaciones, y no puedo entender la mayoría de las cosas cuando abro un libro de ciencia. Me conformo con poder seguir el pensamiento de António Damásio. Y todo esto aun habiendo pasado nueve años entre las universidades de Comillas (Madrid) y Autónoma. Pero mi capacidad de entender la mayoría de las teorías científicas es cada vez más escasa.
Por otra parte, el declive de la percepción moral y del sentido de la responsabilidad es un cruel coste que ya estamos pagando todos. Y vemos que la potencia humana es muy limitada. Por lo demás, creo que el problema central de la existencia humana es hoy el miedo. Eugen Drewermann nos diría que debiéramos soñar más. No sé si esto sería la solución. Somos una mezcla de luces y de sombras, de cualidades y defectos. Y en una época tan confusa hemos de desplegar un enorme esfuerzo tanto para mejorar las condiciones externas como para entrenar nuestro espíritu para encontrar la paz interior y contribuir al bien y a la transformación de nuestra sociedad. Pero creo que para comprometerse en esta tarea necesitamos la sabiduría de la esperanza en estos tiempos de suprema vulnerabilidad.
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