Agradecimiento a la Unidad de Trasplante Renal del HUCA
Enviamos esta carta para expresar nuestro mayor agradecimiento ante la buena labor del personal de la Unidad de Trasplante Renal, así como a todo el Servicio de Nefrología y Cardiología del HUCA.
El próximo 29 de julio se hubieran cumplido 30 años del trasplante renal de nuestra madre. Antes de ese “milagroso” día, había sufrido durante años el duro proceso de diálisis, más si cabe siendo de Grandas de Salime y teniendo que ir a realizarla a Oviedo (4 horas de viaje) todos los lunes, miércoles y viernes. Fue tal el desgaste a todos los niveles que ya no albergábamos esperanzas, y, de repente, la madrugada del 29 de julio de 1993, la Guardia Civil llamó a la puerta de casa (eran otros tiempos, sin teléfono…) y ahí cambió la vida de nuestra madre y la de toda la familia. Siempre hemos tenido presente al donante y a su familia. Es uno de los actos de generosidad y valentía más grandes que puede hacer una persona.
Desde el inicio, todo el Servicio de Nefrología nos brindó su apoyo y colaboración, y no creo que haya sido causalidad que todas las personas con las que nos hemos ido encontrando durante tantos años tengan rasgos comunes: profesionalidad, cercanía, empatía y humanidad. No queremos dejarnos a nadie sin nombrar, pero han sido tantos años que espero lo entiendan. Algunos/as han quedado atrás, en el antiguo Hospital, otras fueron llegando, como Natalia Ridao Cano (que con tanto cariño la animaba cada vez que acudía a consulta), María Gago Fraile, Luis Fernando Morán, María Luisa Fernández... y Adriana Cavada, que fue la última nefróloga que la atendió cuando ya no se podía hacer nada más; siempre la recordaremos porque en esos momentos tan dolorosos sentimos sus detalles de humanidad y cariño. Y hacemos extensivo este agradecimiento a todo el personal sanitario, desde enfermería, auxiliares, celadores, limpiadoras, etcétera.
Y no queremos olvidarnos de su cardióloga, Beatriz Díaz Molina, que desde el año 2012, cuando tuvo que someterse a una operación de válvula del corazón, se sumó al maravilloso equipo de profesionales que siempre lucharon por sacarla adelante tantas y tantas veces.
Por último, también una especial mención a sus médicos de cabecera de Grandas, Carlos y Enrique, que tantas veces la atendieron y literalmente, hasta el último día, hicieron todo lo humanamente posible por ella.
El pasado 15 de enero nuestra madre falleció luchando hasta el último minuto, como lo había hecho desde que enfermó. Nos queda el consuelo de que no sufrió en su final y se fue cumpliendo su deseo que no dejaba de repetir en cada ingreso hospitalario: “Que no le pase nada a mi riñón”.
La familia de Concepción Álvarez Díaz (Concha) quiere agradeceros toda vuestra labor y dedicación durante casi 30 años.
Gracias infinitas.
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