¡Así, mal vamos!
De un tiempo a esta parte, si uno enciende la televisión en martes o miércoles de cada semana y ve que en nuestro Parlamento nacional están montando el gran Carnaval, unos proponiendo aprobar leyes que nadie les pide ni ve que sean prioritarias para solucionar alguno de los múltiples problemas que los ciudadanos padecemos, y, a la vez, pasan olímpicamente de tratar de solucionar los problemas que de verdad nos preocupan a los ciudadanos en general, y que además, con nuestros votos les pusimos donde están y cobran de nuestros muchos impuestos, para supuestamente solucionarlos y no para generarnos otros nuevos.
¡Hace unos días, la señora ministra de Igualdad se mostraba muy ufana y estirada por haber sacado adelante la reforma de la ley del aborto, y decía -o yo así lo entendí- que ahora quedaba por dotar a nuestra sanidad pública de medios, tanto de personal médico y sanitario como de instalaciones en hospitales públicos, para atender a cuantas mujeres optasen por interrumpir sus embarazos dentro de los plazos que contempla la ley.
Quienes como yo ya no estamos en edad de procrear, posiblemente veamos este asunto desde una óptica muy distinta a la que los mas jóvenes puedan tener al respecto. Dejando a un lado los aspectos de ética y moral, así como creencias religiosas, uno encuentra toda esta reforma como una especie de querer hacerse notar por parte de ciertos grupos de la coalición de gobierno, que dan la impresión de emular a los canes -con perdón- tratando de marcar territorio, en plan: "Llegamos nosotros y se nota, todo es diferente". Nunca antes en la historia las parejas tuvieron a su alcance tantos medios disponibles para evitar los embarazos no deseados como ahora; por tanto, a quienes por edad sabemos que en nuestro tiempo el goce sexual iba ligado con alta posibilidad a la procreación, no nos cabe en nuestro trasnochado esquema mental que hoy sea necesario aprobar leyes tan en contra de natura, disponiendo de tantos medios para evitar el embarazo no deseado.
Tenemos en nuestro país el problema de la demografía tan acusado que los expertos nos dicen que en pocas décadas tendremos que depender de jóvenes importados para hacer frente a las necesidades de nuestro mercado laboral, y peor aún, para hacer frente al pago de cotizaciones para seguir haciendo sostenible nuestro sistema público de pensiones. Pero, sin ir tan lejos, si ahora tenemos una sanidad pública que ya no cumple con sus obligaciones y nos obliga a soportar listas de espera interminables a quienes cotizamos toda una vida para sostenerla, ¿qué va a pasar cuando parte de su personal médico-sanitario y sus instalaciones hospitalarias tengan que hacer sitio a cuantas embarazadas deseen abortar? Esto es como si a quienes aún estamos vivos nos quisieran quitar de enmedio por abandono, y por el contrario, a aquellos que están en gestación a la espera de ver la luz, también resultasen un estorbo y se les impida llegar a conocer las contrariedades de este "perro mundo" y del negativo proceder de algunos miembros de nuestra especie, que por el mero hecho de ser elegidos, supuestamente para gestionar nuestros problemas, llegan a creer que el país es de su propiedad privada, como la finca heredada de sus abuelos, y pueden hacer de él lo que les viene en gana. ¡Así, mal vamos!
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