Mi voto
Actualmente las transformaciones de la sociedad y la toma de decisiones están muchísimo más en el campo de las innovaciones tecnológicas globales que en el ámbito tradicional del debate de ideas políticas ilusionantes, interesantes y creíbles. ¿Ustedes se han fijado en la dependencia que tienen muchos jóvenes del móvil, las redes sociales o las computadoras? Eso está genial y pone de relieve bienestar y habilidades, pero carecemos totalmente de sentido de comunidad, favoreciendo el sistema que hace que realmente no compartamos nada y vivamos en burbujas, con indiferencia, soberbia o pasotismo decepcionado, ajeno al mundo político analógico, en un mundo de “comunicación” incesante sin tacto humano ni verdadera vinculación con nada que no sea movedizo, frágil y puramente al servicio de una condición tan solo de “homo economicus”, usuario-cliente-consumidor. La sociedad de mercado o neocapitalista tiene también su corazoncito, incluso la Thatcher creía en un “capitalismo popular”, del mayor número posible de gente accionista y acreedora de beneficios de grandes empresas cotizantes en Bolsa, de un mundo de oportunidades, donde el progreso siempre vendría dado en sentido elitista arriba-abajo. En los últimos años, sin perdernos en abstracciones y tocando de lleno lo cotidiano, han sido cruciales la irrupción de las identidades sexuales en la vida pública, la inmigración colorista, la candente cuestión demográfica, la conciencia ecológica, con sus aspectos muy positivos de “casa común” en un planeta para todos, sensibilización por la biodiversidad y preocupación por la sostenibilidad. No me gusta tanto ni el animalismo extremo y algo misántropo, ni los activismos histéricos y puramente mediáticos.
El sentido de progreso debe pasar también por la humanización y la real igualdad de oportunidades garantizada; por escuchar a la gente de a pie y no caer en tecnodemocracias histriónicas, en sondeocracias, democracias teledirigidas o de discriminatorio algoritmo. Nuestros políticos tienen que dar soluciones y gestionar lo público con sentido de equidad, transparencia, inclusión y avances en materia de transporte público, atención suma a mayores, jóvenes y vulnerables. Estoy a favor de modelos respetuosos con la realidad ya casi pluriétnica y la cercanía del asociacionismo. Se trata de poner rostro humano a los problemas del despoblamiento rural sin futuro, a las listas de espera sanitarias y carencia de buena atención en centros de salud, a políticas universales contra diferencias sociales vergonzosas. Hay que facilitar la apertura al resto de Europa, a un solo planeta. La valoración total de la raíz asturiana, compatible con empresas, innovación, cultura y todo tipo de fomento de iniciativas, actividad comercial, respeto por la pluralidad social y la búsqueda de la libertad y la felicidad individuales, sabiéndonos ciudadanos solidarios y responsables.
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