Ucrania y la desglobalización
EE UU es un imperio venido a menos. Para darnos una idea de hasta qué punto EE UU es un imperio en declive baste recordar que cuando acabó la Segunda Guerra Mundial USA poseía el 75% el PMB (Producto Mundial Bruto), a mediados de los años 70 un 50%, a finales del siglo pasado un 25% y hoy, aunque por su PIB (Producto Interior Bruto) EE UU sigue siendo la primera economía mundial, su participación en el PMB ya no llega al 18%. Economías emergentes, como China, India, Rusia, Brasil, etcétera, amenazan la hegemonía del que, acabada la Guerra Fría, se había erigido como el único imperio. ¿Qué había sucedido en el mundo? Pues que, principalmente, el proceso de globalización, tan querido por EE UU y las potencias occidentales en los años 80, había logrado una trasferencia de tecnología a los países menos desarrollados que ahora estos estaban utilizando en su favor. Esto se ve especialmente en China, un mercado muy apetecible cuando no tenía de nada y una potencia económica "peligrosa" cuando no solo fabrica ya de todo, sino que produce lo que Occidente -singularmente. los EE UU- hace años que dejaron de hacer. Lo que pasó en plena pandemia con las mascarillas es el botón que sirve de muestra. Algunos decidieron hacer negocios pasando papeles de unas manos a otras, mientras los chinos trabajaban manchándose las manos. Como era de esperar, llegó el fin de la fiesta, llegó en 2008, y en esas estamos todavía.
Una vez que EE UU comprendió que no podía competir con China, un país con una economía planificada pero que al mismo tiempo otorga un gran margen de actuación a la inversión privada y que, además, cuenta con una gran disciplina política, cultural y social, decidió revertir la situación, esto es, dar un giro de 180 grados a la globalización y embarcarse en una aventura muy peligrosa, la desglobalización. Hace ya tiempo dediqué varios artículos a este asunto, en los que avisaba de lo que podría suceder. EE UU necesitaba una coartada para convencer al mundo occidental de que la desglobalización es una desgracia que hay que asumir por imperativo de la guerra, por lo malo que es Putin y por lo malos que son sus aliados chinos. Para eso hacía falta un gran conflicto armado, naturalmente, pero no en el Tercer Mundo, como a los que es tan aficionado el Tío Sam, sino en Europa. El miedo, que se vea cercano. Así que los que ahora hablan -tiene guasa la cosa- del "imperialismo ruso" y de que Putin nos quiere invadir a todos se han olvidado por completo de lo que han hecho otros toda la vida y de que hace poco más de un año Rusia lo único que pedía era que Ucrania no entrara en la OTAN, una autonomía para las regiones del Donbás y que no se discutiera su soberanía sobre Crimea, que, como todo el mundo sabe, es tierra rusa desde Catalina II, "la Grande", y fue cedida administrativamente a Ucrania en el marco de la URSS, y así siguió siendo tras la independencia mientras ambos países eran aliados. ¿Pedía mucho Rusia? Francamente, yo creo que no, sobre todo después de ver cómo la OTAN, faltando a sus promesas, se había expandido en el este de Europa hasta las mismas fronteras de Rusia. Pero un acuerdo cabal no interesaba a EE UU, que ya había decidido el enfrentamiento con Rusia y con China (como hemos visto también en Taiwán). La histórica cumbre de la OTAN en Madrid, donde vergonzosamente nuestro país fue el anfitrión del aquelarre, selló lo que el Imperio ya había decidido: levantar un nuevo telón de acero, esta vez no solo en Europa, sino en todo el mundo, un telón de acero entre Occidente y Oriente.
Hay que tener muy pocas luces para no darse cuenta de cuál es el único país que está saliendo beneficiado de todo esto. Ucrania y Rusia ponen los muertos, Europa se empobrece y los EE UU hacen grandes negocios vendiendo armas, gas y petróleo a precios estratosféricos. Pero hay un problema: ¿pensaban que no iban a tener problemas con esta loca estrategia? EE UU necesita derrotar a Rusia antes de provocar una reacción china a una declaración de independencia de Taiwán y así tener coartada para imponerle sanciones. Pero los chinos no son idiotas: "Sabemos que, tras Rusia, vendrán a por nosotros". China no va a abandonar a Rusia, y ambos países tienen una capacidad industrial y militar enorme. Así que los aficionados a la estrategia del caos, crearlo para luego explotarlo en el propio beneficio, buscarán liarla aún más gorda. ¿Provocando un enfrentamiento entre China e India? Pues por ejemplo. Pero esta partida se juega ya con bombas atómicas en la manga. ¡Cuidado!
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