Nada es tan fuerte como para vencer su propia debilidad
De lo contrario, se volvería eterno, rompería el equilibrio del universo y, de su eterna infinitud, pasaríamos, supongo, a la nada no menos infinita. Algo para lo que la imaginación no me da.
La miasma insensibiliza, en su medida, el olfato.
La naturaleza es una alerta permanente tratando de mantener un equilibrio imposible. Esto es algo evidente para cualquier pensador con dos dedos de frente, pues, si no estás preparado para soportar lo que te viene, de Perogrullo, no sobrevivirás a ello. Es lo que, desde su uso de razón, el hombre sabe. ¿De dónde proviene, si no, por ejemplo, la teoría del yin-yang? Todo el universo contiene dos fuerzas opuestas: el yin representa la quietud, el frío... y el yang la inquietud, el calor...
Dicen estos teóricos algo que, para mí, en muchos aspectos, muestra esta teoría como una realidad evidente. Aunque también, después de un análisis somero, hay cuestiones que no comparto. Eso de que el yin sea el principio femenino, la oscuridad, la pasividad y otras gaitas, y que el yang sea el principio masculino, la luz, la actividad y más sucesivas gaitas, no lo veo.
Inequívoco, para mí, es que el yin-yang no anda con tonterías de género ni de nada, se hace patente en todo el universo, en todo, sea lo que sea. Una piedra no es más ajena a este principio que un pino o un tigre. Todo tiene su fortaleza para protegerse y su debilidad para ser abatido, manteniendo así el necesario equilibrio universal para no acabar mal.
Yo diría del yin-yang que es como una balanza permanentemente inestable, cargada en un platillo de elementos positivos y, en el otro, de aspectos negativos que siempre la acaban desnivelando a su favor. Ya que, aunque el platillo positivo pueda ganar en ocasiones, solo son meras batallas, esa guerra solo puede ganarla el del otro lado.
Pero en todo esto, en su momento, surge una cuestión... Digamos imprevista: la inteligencia del ser humano.
Sí, la naturaleza permanentemente enfrenta su contenido de forma "natural", valga la redundancia, pero resulta que el hombre, en virtud de su inteligencia, puede intervenir en esta vaina y, cómo no, engreído por su condición de único ser inteligente, lo hace y no se cansa de poner la torta (o meter la pata, por si lo de poner la torta no queda claro). Pretende a toda costa competir, incluso ganar, iluso como solo él puede serlo, a la naturaleza.
Mientras tanto, la naturaleza, tranqui. Así es ella, imperturbable. Para ti haces, mentepollo, si lograras acabar conmigo no lograrías otra cosa que acabar contigo.
Como el hombre, por mucho que invente y se quiera hacer el loco, sabe perfectamente que no puede eludir la derrota final, constantemente lucha por sacarla de su cabeza, importándole poco lo que vaya a pasar con su especie y centrando en sí mismo, como individuo, el beneficio de sus actos.
La, lógica, consecuencia de todo esto es que el ser humano cada vez se vuelve más atrevido e irresponsable. O sea, que no se cansa de cagarla, todo lo contrario.
Individuos/as como Pedro Sánchez, Irene Montero y otros muchos de parecido pelaje no se podían dar en los albores de la humanidad. Han sido necesarios muchos milenios de sucesivas cagadas para llegar a este descomunal mojón, y...
Bueno, ahí sigue tranqui, con su yin-yang la naturaleza, el que desequilibra pierde.
De manera que… mi espabilada especie, o te corriges, que no lo vas a hacer, o te vas de narices.
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