La palabra honda del amigo
En un estado de crisis los pensadores pueden ayudar, pero se enfrentan a múltiples desafíos, al menos en este país. En España se lee poco y lo que se lee es principalmente un producto precocinado, libros que recogen datos de otros libros. Es más fresca la prensa en sus secciones de opinión, es de hoy para mañana, y por eso mismo menos elaborada y adornada; no obstante, ese sentir vivo, ese clamor intelectual del corazón que late ahora mismo es el que puede dar fuerza a una sociedad desorientada y perpleja ante el convulso, divisivo, abusivo, incierto, desesperanzador, violento y extraño presente.
Sin embargo, tampoco son muchos los corazones cansados que busquen en la prensa algo más allá de los titulares. Y, aunque las hay, tampoco son tantas las plumas templadas en crítica certera y orientación anímica, listas para la acción rápida, quizá porque consideran que su labor es exclusivamente informativa. Pues... nos hace falta algo más que malas noticias, como individuos y como sociedad, nos hacen falta estímulos emocionantes, y, si no buenas noticias, al menos valores que nos sostengan la moral en este tiempo de rebajas humanas. ¿Es la nuestra una sociedad cansada de las palabras?
Huyamos si podemos de quienes nos engañan, traicionan, decepcionan y provocan rechazo, pero no reaccionemos contra los que intentan avivar nuestra conciencia personal o colectiva, o alientan los entresijos del alma misma, aunque sea con más sentimiento que literatura. Al contrario, apreciemos su valor, leámoslos con el corazón, o escuchémoslos en la radio, en la oficina, en la escuela, en el bar, en la peluquería o en la puerta de nuestra casa, como se lee o como se escucha a un amigo. Nos hace falta, mucha falta. "Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Espiritualidad no tiene que ver con la adoración de imágenes, sino con el espíritu, la fuerza dominante en cada ser humano, buena o mala, tener conciencia de que la necesitamos buena nos encamina hacia el futuro, el que pedimos en el padrenuestro: "Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la Tierra".
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