La piedra en el propio tejado: bienvenida al Ilustre Colegio de Criminólogos de Asturias
Al hablar de Criminología lo más habitual es que nos vengan imágenes a la cabeza de conocidas series de televisión o de la crónica negra más profunda de nuestro país. Muy al contrario, la Criminología es una ciencia multidisciplinar donde el derecho, la sociología o la psicología protagonizan los itinerarios formativos de las universidades, sin atender tanto a cuestiones anatómicas como las plasmadas en los medios audiovisuales. Esta ciencia, pese a su relativa juventud, viene pisando fuerte y lo hace para quedarse.
Sin embargo, pese a la necesidad de esta profesión, las capacidades de los/as profesionales y los interesantes itinerarios formativos de los grados, lo cierto es que el gran obstáculo presente en la actualidad es la falta de concreción sobre la profesión, en concreto, un ámbito laboral definido. Por ello -y por otras cuestiones- se han ido creando colegios profesionales, con el objetivo de reunir las fuerzas de tantos miles de egresados que han ido engrosando las colas del paro sin, al principio, ni ser reconocido su título o que, en una gran parte de los casos, se han debido incorporar a un ámbito laboral distinto de aquel para el cual se han formado.
Estas personas, junto al alumnado actual que se encuentra en pleno estudio del grado, requieren de la profesionalización de la Criminología, y ello parte, entre otras cosas, de la creación y mantenimiento de colegios profesionales que luchen por ello.
En Asturias tenemos la posibilidad de decir, con orgullo, que hemos sido de los primeros. Posteriormente vendrían otros, siguiéndonos en el camino el de lugares tan importantes como Madrid, donde se reúne el mayor número de universidades con esta titulación.
Sin embargo, el positivismo inicial al respecto choca con la decepción actual, dado el abandono que este Colegio ha dado a sus colegiados. Al respecto, yo misma he intentado contactar con las personas más visibles de una entidad como esta -su decano y vicedecano-, los cuales no han tenido a bien atenderme. El covid ha sido una excusa fantástica, puesto que las normas de distanciamiento han sido acogidas con especial rigor por su parte. No obstante, pese a que hace tres años del inicio de esta crisis sanitaria, sigo esperando que se me indique cuándo es posible acudir al Colegio para plantear mis dudas y ejercitar el derecho que me asiste como colegiada, como es el de asesoramiento y atención. Hace años que no recibo comunicación alguna, desde su página de Facebook se borran los comentarios rogando un contacto y no hay posibilidad de recibir respuesta ni a través del contacto de su web ni del correo ofrecido. Nada. Bueno, algo sí, la cuota anual de colegiación sí ha sido posible domiciliarla, el covid no ha entendido de economía (no, al menos, en el seno del Colegio). Desconozco cuándo son las juntas, si ha habido cambios en los cargos, si existen o no comisiones, no puedo ejercer mi derecho al voto, no sé adónde van a parar los ingresos de las cuotas... En definitiva, el desconocimiento es absoluto y la posibilidad de comunicación es negada. Como criminóloga afortunada, no tengo ningún interés en formar parte de este Colegio, pues, afortunadamente, soy graduada (he salido de Asturias para poder estudiar el grado, pues sigue sin ser oficial en Oviedo) y tengo la suerte de trabajar en este ámbito, habiendo hecho carrera académica con la que en la actualidad he conseguido el puesto de vicecoordinadora del grado en Criminología en una Universidad pública madrileña. Sin embargo, mi vocación por la Criminología me pide seguir luchando por este colegio y por que el mismo no se convierta en un ¿chiringuito? que desvirtúe la profesión de la Criminología. Como docente, atiendo a mi alumnado, generalmente perdido en los últimos cursos respecto a su posible futuro, y me pregunto: si así me atiende a mí el colegio, ¿cómo lo hará respecto de jóvenes estudiantes con poca trayectoria vital y profesional? No puedo evitar seguir con esta actitud peleona ante las injusticias de la vida y creo que me encuentro ante una de las más graves. Estamos ante la piedra en el propio tejado, ante el tiro en el propio pie... ante un colegio que deja de lado su objeto y que no realiza ni lo mínimo requerible como es, al menos, dotar de una atención digna a sus colegiados.
Confío en que si estas líneas llegan a publicarse al menos se sonrojen. Confío en que, en un futuro, tengamos a personas responsables a la cabeza de este Colegio y consigan reflotar este barco condenado al naufragio.
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