La moción, un brindis al sol
La política española está de capa caída porque hay un ambiente generalizado de desinterés y de desconfianza en unos gestores de la cosa pública que van a lo suyo, que parecen más interesados en mantener su posición y en escalar peldaños que en servir al pueblo, que es para lo que se les ha elegido.
Muchos de nuestros representantes parecen representarse solo a sí mismos, y lo único que les preocupa es levantar la voz para que se les oiga, para salir en los medios, y lo que más llega del Parlamento son los insultos y las descalificaciones de unos y de otros, que es justamente lo contrario de las funciones específicas que tienen encomendadas.
Según están las cosas, no sorprende que se utilice uno de los mecanismos institucionales disponibles, como es el de la moción de censura, pero hacerlo sabiendo que las posibilidades de que salga adelante son mínimas no parece que sea la mejor solución a un problema de fondo que está enquistado, como es el de la falta de credibilidad y de confianza, que es lo que hace que la sociedad esté desengañada y desesperanzada. Y esa es la razón por la que una acción como esta, la de la moción, sea como un brindis al sol.
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