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Imaginación creativa y algoritmo

3 de Marzo del 2023 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

En una regulación en lazo cerrado se usan tres valores: valor a regular o de consigna; valor de entrada al algoritmo regulador (AR) o valor de error al ser la diferencia entre el valor de consigna y el valor de salida o valor real; y el ya mencionado valor de salida o valor real. De tal forma que cuando el valor real coincide con el valor de consigna, el valor de error es nulo. Dentro del AR se diferencian a su vez tres acciones: la proporcional (P) o deseada para la estabilidad; la integral (I) o correctora del error permanente acumulado; y la derivativa (D) o anticipativa que reacciona rápidamente ante cualquier inferencia para restablecer la estabilidad.

Con los avances científicos y tecnológicos la población del mundo se ha duplicado en los últimos 50 años, y además han desaparecido ocupaciones y se han ido amortizando puestos de trabajo, han crecido las desigualdades y la precariedad se ha instalado desapareciendo la clase media, las nuevas inteligencias artificiales (IA) con sus robots son capaces de superarnos en cualquier ocupación que pretendiésemos hacer. Entretanto ocupaciones de producción natural en el medio rural, imprescindibles para la salud alimentaria y la vida, están en crisis a punto de desaparecer al no haber recambio generacional. Por tanto, ha llegado el momento de imaginar el establecimiento de unos ingresos económicos que provengan de lo producido por robots e IA, pero cuya riqueza recaiga en las personas que sí podrían usar su imaginación creativa o sus habilidades artesanales o tradicionales o naturales. Esos ingresos regulados por un AR, permitirían que las personas puediesen seguir consumiendo lo producido por "La maquina" con sus robots e IA, y las empresas compitiendo por sus clientes. Esos ingresos serían de tres tipos: proporcional (P), integral (I), y derivativo (D).

Ingreso P: Sería el normal, el libre contrato laboral por una actividad realizada para una empresa o un cliente.

Ingreso I: Actuaría como corrector de errores permanentes que se mantienen en el tiempo. Sería un ingreso mínimo incondicional e igual para todas las personas, que establecería el AR según las disponibilidades económicas existentes.

Ingreso D: Buscaría responder rápidamente a todas las inferencias que impidan lograr objetivos como los objetivos de desarrollo sostenible (ODS). Lo haría premiando determinadas ocupaciones en función de la empresa en la que se realicen y según el aporte de fondos que realice dicha empresa al consorcio empresarial o al Estado; también de su localización.

Estos ingresos I y D deben verse como una parte de la masa salarial que se consorcia a modo de gratificación para conseguir los objetivos del consorcio, mientras se ajustan a la baja los ingresos P con el AR. Se conseguiría una relación competitiva de la actividad ocupacional de todo el personal del consorcio. De tal forma, que los puestos de trabajo que resulten más rentables tuviesen su gratificación y su estímulo con el ingreso D, y los que no, mantendrían su acicate sabiendo que el conseguirlo estaría de su mano, mientras se consuelan con el ingreso I.

Antes de que se escandalicen los que desean un Estado sin impuestos, y por tanto sin recursos para las personas, les digo que todo esto puede ser aplicado, como ya he dicho, por un consorcio de empresas creando un fondo económico para ello. Pero además, si ahora ya es cierto que el valor de una empresa lo es en tanto lo sea el valor de su personal, en el futuro este dicho será aún más cierto. Por otra parte, en zonas donde se debe reaccionar para triunfar empresarial e industrialmente (como es en el noroeste de España) se deberían concretar acciones innovadoras respondiendo a los retos necesarios, creando sinergias y utilizando la imaginación creativa y los algoritmos que minimizan riesgos, optimizando la riqueza y buscando el éxito social del producto. También se ha de reflexionar sobre lo que está ocurriendo productivamente en la nada liberal China. No para copiar su sistema sin libertad, sino para probar sistemas que aumenten la libertad individual productiva de las personas con su actividad ocupacional generando sinergias.

Tampoco sería tan difícil probar esto en grupos empresariales que ya disponen de múltiples secciones productivas que se mantendrían independientes en cuanto al ingreso P, pero que estarían unidas de forma algorítmica y variable mediante los ingresos I+D. Algo así podría aplicarse en grupos de prensa con múltiples cabeceras.

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