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Sigo con mi yin-yang

4 de Marzo del 2023 - Marino Iglesias Pidal (Gijón)

El que ya no pueda abrir las páginas para ver pelis y series gratis online en la tele, sin duda, tiene mucho que ver. Hace unos minutos, al quedarme sin esa opción, me pregunté: ¿y ahora qué hago? Y me asaltó este pensamiento. De manera que, del intento infructuoso y la butaca frente a la tele, aquí estoy, dándole vueltas al yin-yang en la silla frente al ordenata.

Se me viene a la memoria, hace 15, 16 años, en mi anterior domicilio tenía otro centro de asistencia médica y la doctora que allí me atendía me resultaba una persona muy atenta y agradable con la que, con frecuencia, cuando acudía a su consulta nos enrollábamos algo más de lo necesario, incluso me daba tiempo para, en ocasiones, hacerla reír. Lo menciono porque me lo ha mensajeado mi memoria. Algo hablábamos con motivo de mi reciente pase por cirugía torácica de Oviedo. Me decía ella que, como todo lo demás, había cambiado mucho y ya no resultaba tan angustiante para quienes tenían que someterse a ella. Criterio al que yo me uní diciéndole cómo, efectivamente, los recién operados, sin corazón, se unían a mis paseos por el pasillo del hospital, lo que la hizo estallar de risa mientras repetía: Sin corazón, este Marino... sin corazón.

Pero, a lo que iba, que no era éste sino otro comentario suyo el que se me hace pertinente. Hablando del cáncer, claro, sobre síntomas y demás, cómo darte cuenta de que te ha pillado, me dijo: lo maligno no va para mejor, siempre empeora.

El yin-yang y lo maligno no mejora, siempre empeora. Quizá, no, seguro, en lo particular no sea exactamente un paradigma, pero en general pocas dudas me ofrece esta afirmación.

Lo malo no mejora, siempre acaba empeorando. La maldad del hombre, que acompaña a su innato deseo de satisfacer lo que sus sentidos perciben, y que sus sensaciones corroboran, como placentero, hace que éste, sabiendo que no dispone de todo el tiempo del mundo, se dé toda la prisa posible por satisfacerse y, su instinto animal, mucho más rápido y rotundo, (te meten un martillazo en la azotea y ahí mismo te quedas, si se ponen a convencerte de que mejor no te muevas, ¡quién sabe el tiempo que les puede costar!), pues eso, decía que su animalidad triunfa sobre su racionalidad, de manera que a dejarse gobernar por el instinto, y el raciocinio, usarlo solo para hacer más rápido y efectivo el instinto.

Creo, no estoy seguro, que en algún momento pensé: "Esto que ocurre en este país no es posible que ocurra en este otro, porque su cultura, la cultura de sus gentes, no lo permitiría".

Qué tontería. Qué ingenuidad. Ocurre exactamente lo mismo, la única diferencia está en el tiempo necesario. Métele escofina a un pedazo de madera o lima a un pedazo de acero dulce. La misma vaina. Ambos acabarán hechos polvo. La única diferencia: el tiempo que necesita la escofina y el que necesita la lima.

Cuando el mal te ataca y no lo cercenas de inmediato, lo dejas prosperar... La cagaste. Si eres creyente, reza.

Increíble, ahí has puesto primero a Zapatero. Ahora, ya ni siquiera disimulan, no lo necesitan. Como no necesitan esconder su estúpido y fatídico desvarío, cuyos resultados lo hacen patéticamente evidente, y ahí los tienes y los consientes. Sigue alimentándolos.

Sigue creyendo, como la roca, que las olas son caricias que el mar le hace.

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