La igualdad jamás se pide, se demuestra (8M)
Esta cerca el día 8M, fecha señalada que eligen las feministas para seguir devaluándose como personas y convertirse en una falsa contradicción.
¿Ven salir a los hombres tocando cornetas en un día así reinvindicándose como tales, o para renegar de ser lo que son? Todo lo contrario, aceptan su biológica genética con naturalidad, con todas sus limitaciones y contradicciones, que también las tienen, añadiendo todas las desigualdades que perciben sin culpar a ningún género de sus imposibilidades o de no poder cumplir todas sus expectativas. Ustedes ¿no sienten vergüenza de venderse inferiores, de llorar constantemente, cuando miles de mujeres lograron demostrar su valía y alcanzaron retos, cargos, poder, fama, respeto y admiración a lo largo de la historia, por cierto, en tiempos machistas y patriarcales de verdad?
Ahora ustedes no pueden pedir igualdad, tienen un camino con más dignidad y respeto para con ustedes mismas: demostrar esa igualdad sin lloriquear y tocar cornetas por la calle demostrando imposibilidad propia. Si son lo que presumen: hagan, no pidan. O acepten sus limitaciones sin culpar al hombre de todas ellas. Les aseguro que existen miles de mujeres muy capaces de cualquier cosa, para lo bueno, pero también para lo malo. Ustedes son una rémora para la mujer.
Mujeres que se precien no participarán en este pasacalles de mujeres frustradas por el mero hecho de nacer hembra y mujer. Ya sé, muchas hubieran deseado nacer con otro género, lo tienen fácil, para eso inventaron el cambio de sexo, no es lo mismo, pero satisface algunas frustraciones de personalidad. Algunas reniegan de la maternidad para ser dueñas (eso dicen algunas palurdas) de su cuerpo. Renegar de lo más hermoso que un ser humano puede hacer en este mundo, que es dar vida, de ser partícipe único de la continuidad de la humanidad. Despreciar esa condición de madre es no merecer haber nacido. Pueden elegir libremente no tener hijos por diferentes motivos, pero jamás hacerlo por sentirse dueñas de su cuerpo, no somos dueños de nada que no pase por nuestra dignidad (con nada vinimos a este mundo, con nada nos iremos de él), casi podemos asegurar que solo venimos a este mundo a perpetuar la especie, convivir y sobrevivir lo que Dios tenga asignado para cada cual. Mientras, el papel que jugará cada cual en él dependerá de la capacidad y el respeto que se gane y merezca. Reclamarlo con tambores en pasacalles es demostrar muchos prejuicios e inferioridad palpable.
Esta historia se parece mucho a ese reo que acepta la culpabilidad para ver reducida su pena por imposibilidad de defender su causa. Aquí las mujeres claman igualdad, pero aceptan ser aupadas en volandas allí donde por ellas mismas jamás lograrían llegar; que no es otra cosa que reconocerse inferiores e incapaces de competir por esas metas para las que dicen estar capacitadas. Una contradicción en toda regla. Si no lo ven así, no merecen más que seguir de pasacalles un año tras otro en busca de su propia decepción.
Y muchos hombres participan de esa forma oculta de machismo presumiendo de lo contrario, tratando de proteger ¿a quién? Solo se protege a quien miramos desde arriba. Pues eso, no busquen más enemigos que en ustedes mismas, el machismo está en ustedes y todos aquellos que dicen protegerlas.
Recuerden bien, los hombres y las mujeres son un complemento, no extraños en la noche que deban culparse los unos a los otros de haber nacido con diferente sexo. Les aseguro que los hombres en general respetan, admiran y aman a la mujer como no lo harían con ningún hombre; mujer es su madre. Solo por eso, no duden, ellos no son su enemigo para nada. Ambos sexos debemos juntos tratar de ayudarnos y sobrevivir en un mundo con muchas dificultades, juntos lograremos hacer el camino más ameno y sencillo. Separados y confrontados, como pretenden estas feministas modernas, es añadir lastre a la convivencia.
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