El torniquete
Cómo es posible que se venda y haya quien la compre la superchería de que la rebaja de las penas es "un efecto colateral no deseado" de la ley llamada del "solo sí es sí". Si un supermercado baja el precio del pan o de la merluza, ¿hablaríamos de efectos no deseados o, simplemente, de que venden el pan y la merluza más baratos? Eso ocurre exactamente con la ley: al bajar las penas mínimas, baja el precio de los delitos sexuales; las agresiones sexuales salen penalmente más baratas.
Y la rebaja ha sido querida. De lo contrario, habrían dejado las penas como estaban. ¿O ha sido un fallo de informática? ¿Por qué se ha producido esa temeraria rebaja? Porque la izquierda es reticente por principio al carácter punitivo de las leyes; las de UPodemos lo dejan claro hablando de "punitividad". La privación de libertad tendría que ser la ocasión de una especie de máster acelerado en buenas prácticas sexuales. Y a la calle.
Manuela Carmena atribuye a "soberbia infantil" el empecinamiento podemita en no tocar la ley. Qué soberbia o presunción cabe atribuirle a la señora Carmena, que, habiéndose jubilado como juez, tiene dicho que "las cárceles tendrían que estar vacías". Igualdad rebajó las penas y el PSOE y el resto de vagones del convoy de investidura le siguieron la corriente. El efecto colateral no deseado, además de imprevisto, fue la alarma social que estalló de inmediato con las primeras reducciones y excarcelaciones; el escándalo de que una ley que venía a blindar a las mujeres contra la agresión tenía como primer efecto un saldo general en beneficio de los agresores.
Y dado que la alarma persiste y es transversal y los sondeos señalan letales sangrías en votos, los sanitarios del sanchismo se ponen nerviosos y deciden aplicar el torniquete. Desde Podemos le llaman al torniquete "el Código Penal de la manada"; les conviene que el partido socialista sangre y llegue debilitado a las elecciones. En pleno estruendo y estropicio con la ley del "solo sí es sí", se aprueba la "ley trans", cuyas secuelas pueden ser aún más devastadoras: cirugías mutilantes, tratamientos hormonales irreversibles.
Lo más deprimente e inquietante es que, en un tema que compromete la vida y el destino de muchos jóvenes, la carta decisiva que se baraja en el debate sea la de los votos que se ganan o se pierden. Como lo formula candorosamente un corresponsal en este diario: "Ahora mismo me preocupa el precio a pagar por el mismo PSOE" ("La ley trans", 18/02/23).
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