Las caleyas de la información en las zonas rurales
Como asturiano que vive en Madrid por trabajo pero vuelve regularmente a su tierra natal en el pueblo de Vegarrozadas, en el concejo de Castrillón, llevo años siguiendo de cerca los despliegues de conectividad de banda ancha en las zonas rurales. Sería más correcto decir "los no despliegues", pues en las últimas décadas no ha habido cambios significativos en las tecnologías que permiten a los ciudadanos acceder a internet, ya no solo por ocio, sino también por conveniencia profesional o incluso necesidad. La pandemia expuso las carencias de aquellos colectivos afectados por una mala calidad en la conexión a internet, aunque, de nuevo, parece que no hemos aprendido nada.
A modo de adelanto, decir que acabo de medir la velocidad de acceso a internet en el domicilio de Vegarrozadas (Castrillón) tanto a través de la conexión de ADSL como a través de datos móviles, con un resultado similar: entre 2,5 y 2,8 Mbps para la velocidad de bajada y entre 0,39 y 0,50 Mbps de velocidad de subida. Es decir, si lo comparo con la velocidad de una conexión de fibra de 300 Mbps simétricos, tenemos una conexión que es más de 300 veces peor en la bajada y unas 600 veces peor en la subida.
Lo curioso es que, según los datos del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, la cobertura con una velocidad mayor que 30 Mbps supera el 97% de la población. Son palabras de Iván Aitor Lucas del Amo en este periódico (https://www.lne.es/mas-domingo/2022/07/10/fibra-optica-ve-pueblos-asturias-68169909.html) en el artículo "La fibra óptica aún no se ve en muchos pueblos de Asturias". Iván Aitor Lucas del Amo asistió a una sesión informativa en el Ayuntamiento de Castrillón hace ya meses y yo mismo le pregunté sobre este dato de los 30 Mbps, sobre su fiabilidad, que él mismo reconoció que era un dato teórico que no había sido verificado más allá de los datos compartidos por las operadoras.
La zona de Vegarrozadas estaba contemplada en los planes PEBA de 2020. Planes que expiraban a finales de 2022. En el artículo mencionado, el propio Iván Aitor menciona las dificultades de los despliegues, pero parece que no se tuvieron en cuenta para asignar subvenciones o para publicar plazos de ejecución, que parece que a nadie importa que no se hayan cumplido. Al contrario: Iván Aitor Lucas del Amo llegó a usar el término "fibra hasta el hórreo" aludiendo de un modo triunfalista al éxito de los despliegues de fibra cuando dicho triunfalismo no se veía comprometido por la realidad.
Todo sea dicho, Iván Aitor Lucas del Amo no contesta a mis preguntas y quejas en Linkedin, medio por el cual he mantenido algunas conversaciones sobre este particular hasta que las preguntas parece que se han convertido en molestias. La alcaldesa de Castrillón, Yasmina Triguero, tampoco responde a mis peticiones sobre un seguimiento de este tema que afecta a las zonas rurales de Castrillón. Entre estas peticiones está la de formalizar una demanda colectiva frente a las operadoras, que están cobrando una conexión cientos de veces peor que la fibra prácticamente a precio de fibra. Y no solo se trata de cifras: la calidad del servicio impide, de manera efectiva, acceder a plataformas digitales como la banca online o la Administración pública, o a las de teletrabajo, videoconferencia, educación o las de ocio.
Ahora se anuncia el satélite a través de Hispasat como tecnología que acabe con la brecha digital: otra estafa encubierta. Velocidades de bajada de 100 Mbps con velocidad de subida de 5 Mbps con un límite de datos de 150 GB por mes (si la memoria no me falla), con una latencia de más de 600 ms (frente a los menos de 10 ms de la fibra), por 35 euros al mes a los que hay que sumar el coste del teléfono fijo y el móvil. De nuevo, un precio claramente abusivo para un servicio mucho peor que el que se tiene con la fibra. Satélite está bien para casos puntuales, pero no como tecnología para combatir la brecha digital.
Por cierto: los 30 Mbps que se asegura que tiene más del 97% de la población son los Mbps teóricos de la tecnología 4G. La realidad es que, en las zonas rurales, una antena 4G puede estar a dos kilómetros del usuario, con su capacidad repartida entre todos los usuarios que acceden a esa antena en un momento dado. En la práctica, la velocidad de acceso a internet con 4G en las zonas rurales es incluso peor que la del ADSL.
Lo peor es que los responsables de solucionar este tema conocen esta realidad. Como sucede con Iván Aitor Lucas del Amo, a quien invito que conteste a esta carta con datos de primera mano con los que trabaje. O como sucede con Yasmina Triguero, que parece que tampoco está por la labor de defender los intereses de los ciudadanos perjudicados por la brecha digital. Estaré encantado de disculparme y rectificar mi análisis de la situación si sus datos son capaces de invalidar los míos. De momento, la situación es abusiva e insultante. Y, por lo que puedo leer en diferentes foros, Castrillón no es el único concejo afectado por este abandono y dejadez.
A estas alturas deberíamos tener una hoja de ruta bien definida sobre despliegues pública y auditada por entidades independientes, con garantías de ejecución y planes de precios proporcionales a la calidad para las conexiones existentes.
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