Viajar por el Occidente
El uso frívolo del adjetivo "tercermundista" nos hace olvidar, con frecuencia, el tercermundismo que tenemos al lado. El domingo pasado, mi esposa y yo acudimos a la estación (con perdón) de Alsa, en Luarca, para tomar el bus procedente de Ribadeo con destino a Oviedo. Pretendíamos coger un servicio, el de las 20 horas, que se indicaba en un horario de mano ya trasnochado -culpa nuestra-. En todo caso, escamados, buscamos y encontramos el horario oficial en una fotocopia zarrapastrosa, ennegrecida, sucia y rota, expuesta al aire en una columna del lugar, que era el de las 20.40 horas (dispongo de fotografía que puedo enviar oportunamente), al tiempo que una señora y su hija, cargadas de paquetes de compras, que esperaban tomar el mismo autobús, lo localizaban también en la aplicación informática de la empresa. Cuarenta minutos más tarde, el vehículo no había llegado aún. Mi mujer y yo nos rendimos, porque disponíamos de un apartamento en el pueblo donde pasar la noche, y nos fuimos ateridos, malhumorados e indignados, mientras la señora y la niña aguantaban estoicamente. Al día siguiente, volvimos a la estación (hay poco donde escoger cómo abandonar Luarca). El bus llegó esta vez con solo 10 minutos de retraso. Al subir preguntamos si había habido algún accidente el día anterior, relatándole al chófer nuestras cuitas. El piloto nos miró con un puntín de guasa -o, al menos, eso me pareció- y contestó, educadamente, eso sí: “No es raro que perdiesen ese autobús: el servicio hace semanas que desapareció”. Y cuando le señalamos la contradicción entre sus palabras y el cartel de la estación y la aplicación informática y la faena que debió representar para la señora y la niña haber seguido esperando en vano, se encogió de hombros como sorprendido de que quedase aún gente desconocedora de las reglas monopolísticas.
Resulta doloroso para un luarqués ver dónde fue a parar una empresa poderosa que nació y creció en Luarca y lleva su nombre. ¿Es tan caro y difícil colocar luminosos en las estaciones-ratonera, como la nuestra, con horarios a tiempo real e indicaciones sobre circunstancias extraordinarias: accidentes, averías, etcétera, y previsiones de la empresa para auxiliar a los pobres náufragos abandonados en las paradas del trayecto? ¿No hay algo que puedan decir también, al respecto, las corporaciones municipales de los pueblos así maltratados?
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