La guitarra de Víctor
Ha fallecido Víctor Luque; en este mismo diario se han publicado artículos y reseñas de quienes fueron verdaderos amigos y admiradores de Víctor, algunos de ellos incluso coetáneos suyos, que le siguieron casi desde sus inicios, hace más de 50 años.
El que escribe estas líneas, solo "un poco" más joven, tuvo noticias de Víctor Luque a finales de los años ochenta, cuando un amigo del patio donde jugábamos de chavales me dijo: "Mi padre es guitarrista, y mañana toca en un local de la calle González Besada". Sin mucha fe, y como el garito no distaba mucho de otro famoso local musical de la plaza San Miguel donde pasábamos las noches, un grupo de imberbes creyentes de los “Ramones”, los “Rolling” y el entonces floreciente estilo grunge acudimos a ver a quien nos contaba el colega era un virtuoso de la guitarra. Desde entonces y hasta ayer, conocer a Víctor Luque y a los acólitos que normalmente le rodeaban, muchos de ellos ya ausentes, ha sido, para un amante de la música, una experiencia inolvidable.
Personaje de cultura y vivencias apabullantes, con un conocimiento musical y cinéfilo enciclopédico, una charla con él te hacía sentir pequeño, ignorante de casi todo aquello en lo que te considerabas cultivado. Cuando a través de su hijo Iván conseguías colarte en su pequeño templo cultural de Borines, sabías que la tarde se alargaría, que tal vez cocinase alguna maravilla que había aprendido en uno de los muchos países sudamericanos donde había vivido, que probablemente conocerías a alguna de las incomparables personas que le frecuentaban y que, en el mejor de los casos, la noche acabaría con unos acordes imposibles, una clase de cine del bueno y una escena de "Apocalypse Now" a un volumen brutal.
La guitarra de Víctor presidía hoy la estancia en el tanatorio. Al finalizar el día mi mujer y yo, que tantas tardes, conciertos y buenos momentos compartimos con padre e hijo, acercamos a Iván a su casa. Me dijo: "Al menos hoy, guárdala tú".
Hasta siempre, Víctor; te visitaremos en el sitio donde tú estés, ese sitio donde no pare la música.
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