Zancadillas a la confluencia de izquierda
Puede resultar curioso que una modesta actividad de refuerzo a la campaña de envío de leche en polvo a Cuba en la plaza Italia de Xixón genere más unidad en cuanto a presencia de representantes diversos de la izquierda astur que cualquier otro escenario de movilización. O puede ser motivo para preocupar.
Lo cierto es que, con la excepción del resucitado artificialmente gasparismo, y el invento no menos artificioso del errejonismo astur, buena parte del resto de áreas izquierdosas se daban cita juntas al amparo de la bandera cubana.
Y no es un tema menor: la Historia en letras mayúsculas recoge la impronta de la unidad de las fuerzas revolucionarias en el triunfo de 1959, que fue decisoria. No en vano su líder más conocido presumía razonablemente de ello:
"Para mí, unidad significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis. Unidad significa la lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen nada que ver con un militante revolucionario. A esa unidad en torno a la idea de la independencia y contra el imperio que avanzaba sobre los pueblos de América es a la que me referí siempre".
Ahora que en otras latitudes latinoamericano-caribeñas se producen otros frentes amplios (que es otra formulación bien diferente de la unidad) con resultados exitosos, valga decir Colombia y Brasil, no está de sobra decir que pueda haber influencias positivas de esas formulaciones en muchos lugares del Estado español.
Pero... ¿por qué en Asturias no?
Mencionada ha quedado la artificialidad de la vuelta del gasparismo (¿o es que siempre quedó ahí enquistado en IU cuando el líder compitió electoralmente con las siglas Actúa contra quienes le habían ensalzado y arropado en muchos años de representación institucional?), al que se le perdona su inconsecuencia y se le vuelve a utilizar contra la unidad y sus posibilidades de confluencia.
Redundante resulta que la actual y debilitada dirección de IU pretenda adornarse de tener otra sigla de relleno en el errejonismo, el mismo que incluso había rechazado la entrada del gasparismo directo: a todas luces el artificio a duras penas consigue confundir o dilatar la explicación de que se trata de asegurar que no haya alianza ninguna con Podemos, estando detrás la otra nada disimulada razón real, es decir, los ingresos institucionales.
A huevo dicen y utilizan el razonamiento que lo ponen en la formación morada con sus sonados desencuentros internos que son más públicos incluso que privados (incluida la escenificación de ruptura y fraccionalismo de hoy en la EMA).
Extendida tal dimensión de atomización a las municipalidades, lo que resulte el 28M no será muy halagüeño, y, lo que será incluso peor, se lo va a poner muy cuesta arriba a la pretendida intención de Sumar en las generales: por ahora solamente hay Restar y Dividir a partes iguales, pero con mayor responsabilidad en dos de las direcciones, la de IU y la de Podemos.
Tesitura de mal de muchos en la que pescan a río revuelto alianzas espurias que incrementan la desilusión y la desconfianza, pero que en nada pueden pretender romper con la recomendación histórica que proviene de la isla cubana y de otras latitudes: la unidad, la de acción y la revolucionaria, sigue siendo elemento transformador.
Vosotras, vosotros, simplemente la estáis rechazando torpemente.
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