Hola, Javier
Abrir las páginas de LA NUEVA ESPAÑA y encontrarme con Javier Asenjo fue causarme una emoción supina. Y si, además, después de haber pasado tantos años, te acordases de mí, ni te cuento.
El recuerdo de aquellos difíciles años económicos, acrecentados con el fallecimiento de tu padre y con la necesidad de trabajar en cualquier cosa, que no era tu verdadera vocación; nos soportamos en el inolvidable Banco de Langreo, en la primera agencia urbana abierta en la Tenderina, donde ambos éramos aún jóvenes.
Recuerdo tus años en la radio, tu marcha a Galicia, y el irme yo a Madrid significó el dejar de vernos y, sobre todo, de hablarnos. Así que hoy fue una especie de nuevo encuentro donde no solo me presta leer la entrevista, sino, incluso, ver tu fotografía. Los dos somos ya mayores, yo más que tú, lógicamente, pero tú viviendo felizmente en Oviedo, en tanto que a mí la capital de España me echó el ancla y los dos hijos y los dos nietos me hacen fondear, Dios mediante, hasta el fin de mis días.
Javier Asenjo, inolvidable compañero de fatigas, un fuerte abrazo para ti y los tuyos.
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