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Hablemos de igualdad

14 de Marzo del 2023 - María Isabel Sánchez Agüeria (Gijón)

Bueno, ahora que ya ha pasado la fiebre del 8M y estoy más tranquila, voy a intentar explicar a las autodenominadas "feministas salvadoras" lo que es ser feminista de verdad y no de boquita para mítines y pancartas. Y lo explico desde mis 56 años, de los cuales llevo 38 metida en "cosas de hombres", que se decía antes. Estudié una Ingeniería cuando en clase, entre cincuenta chavales, solo estábamos tres mujeres. Tuve compañeros, no acosadores, con los que iba a tomar cañas y a jugar a las cartas y que cuando no podía ir a clase por problemas menstruales me pasaban los apuntes sin asomo de condescendencia o bromitas. Me acompañaban a casa cuando me había pasado con el pacharán en alguna fiesta de la Facultad porque a un amigo no se le deja volver a casa "solo y borracho" y nunca, nunca, tuve el mínimo recelo de ellos. Y sí, claro que tuve algún profesor al que no le pintaba bien tenerme en clase, pero no le quedó más remedio que tragar porque los exámenes hablaban por mí. Y cuando suspendía era por méritos propios y no se me ocurría ir a reclamar argumentando que "soy mujer y lo merezco y te voy a denunciar por machista".

Y al acabar la carrera me contrataron en un trabajo también "de hombres", y ahí sí tuve privilegios. Tuve el privilegio de poder trabajar de lo que me gusta y de tener compañeros de trabajo con muchos años de profesión a la espalda que fueron muy generosos y me trasladaron toda su experiencia. Y con mi esfuerzo, igual que el de un hombre, fui ascendiendo sin tener que entrar en un despacho a exigir paridad.

Y todo eso me lo gané yo sola, sin un Ministerio de Igualdad "luchando" por mí. Me gané el respeto de profesores, de compañeros de clase y de colegas de profesión sin necesidad de reivindicar ni una sola vez que tengo derecho a ello por ser mujer. Simplemente estudié y trabajé con ellos y como ellos. Y sacrifiqué por el camino más que ellos. Ese fue el precio de mi igualdad.

Yo me he currado la igualdad. No he necesitado ir a una manifestación donde se adoctrina a chicas menores de edad para que se pongan detrás de una pancarta a gritar que es una pena que la madre de un político no hubiese abortado, ¿eso es igualdad? No he necesitado que ninguna mujer desde un despacho, que se lo ha encontrado todo hecho, me insulte diciendo lo que tengo que sentir a partir de los 50, ¿eso es igualdad?

Los derechos de mi hija de 24 años los hemos conseguido mujeres como yo. Ni una sola de las que componen ese Ministerio de Igualdad pasan de los 35 años, han estudiado en facultades donde el porcentaje de mujeres sobrepasa al de hombres y su currículo profesional fuera de la política no supera una línea. No han sacrificado nada. ¿Esas me van a dar lecciones a mí sobre igualdad? Más bien al contrario. Igualdad no es odio al hombre, igualdad no es linchar a la que no entiende el feminismo desde la prepotencia, igualdad no es enfrentar, es trabajar conjuntamente.

Y no metan en ese saco la violencia machista, que eso es otra cosa muy diferente a la igualdad. Eso es violencia y punto. Me da igual de un hombre hacia una mujer que de una mujer hacia un hombre. No es menos grave cuando lo hace un sexo hacia el otro. Y debe ser castigada como tal, especialmente si metemos a niños en cualquiera de ambas ecuaciones. Pero si el Ministerio de Igualdad quiere hablar de la violencia machista, hablemos. Hablemos de las reducciones de pena a violadores gracias a sus leyes. Hablemos del incremento de agresiones sexuales a mujeres desde que existe el Ministerio de Igualdad. Y aquí no estoy hablando del incremento de denuncias, estadística politizada, estoy hablando de condenas. Esas condenas que dictan los mismos jueces justos que luego ya no son tan justos, al entender del Ministerio, cuando aplican la ley de la Ministra.

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