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El día que todo cambió

15 de Marzo del 2023 - Jay Carrio (Mieres)

El 14 de marzo de 2020 va a ser recordado como el día que el presidente del Gobierno comparecía ante los medios de comunicación para declarar el Estado de alarma debido a la incidencia en la sociedad del covid19.

Ese día todo cambió: confinamientos, incertidumbre, miedo... Mucho miedo. Los trabajadores de servicios esenciales siguieron trabajando: cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, personal sanitario, bomberos, cajeras, etcétera.

Los demás trabajadores fueron arrastrados por ERES y ERTES, por no hablar de los que perdieron su trabajo. Los autónomos, ahogados hasta el cuello y en muchos casos obligados a bajar las persianas de sus negocios. Los hospitales y centros de salud saturados. Los niños, sin clase, metidos en casa entre cuatro paredes sin poder salir. Sin poder jugar...

La TV decía que cuando pasara la pandemia todos seríamos mejores personas. En la pantalla solo se veía desolación, terror, miedo, muerte...

El covid19 se llevó consigo a muchas personas. Fueron muchas las muertes directas por el covid... Miles de personas perdieron la vida. Pero también hubo muchas muertes colaterales por no poder ser atendidas de otras dolencias, porque en aquel momento todos los medios sanitarios estaban trabajando para parar, para detener la pandemia.

Los más ancianos, que ya habían sufrido la Guerra Civil, tuvieron que pasar por otra guerra, porque el covid19 fue otra guerra, distinta pero al fin y al cabo guerra.

A los jóvenes que no vivimos la Guerra Civil nos supuso un frenazo en nuestras vidas, y nos enseñó a movernos por trincheras para evitar el fuego cruzado.

Los niños fueron los peor parados porque les quitó tres meses de infancia y eso no se devuelve. Pero también fueron los que mejor lo llevaron. Fueron un ejemplo para los mayores.

Durante el confinamiento me di cuenta de que cuando terminara nada cambiaría. El hecho que me hizo llegar a esa conclusión fue que mientras salíamos todos los días a aplaudir a los sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, las cajeras, etcétera, a las ocho, muchos de los que aplaudían eran los mismos que protestaban si una enfermera, cajera o policía vivía en su edificio por miedo a que les contagiará. Ahí me di cuenta de que algo iba a cambiar pero para peor. Durante el confinamiento apareció el egoísmo de la gente, comprando sin sentido por ejemplo papel higiénico o productos de primera necesidad, lo que provocaba desabastecimiento en la grandes superficies. Luego llegó el 21 de junio y se quitó el Estado de alarma, pero con restricciones como el uso de la mascarilla, prohibiciones de reuniones de más de un determinado número de personas, la hostelería solo podía funcionar al aire libre. Solo podías tomar un café en una terraza y con mascarilla y a dos metros del de al lado.

Estas medidas mucha gente no las cumplía y nos temíamos otro confinamiento. Luego llegaron las vacunas y así hasta día de hoy, cuando todavía sigue habiendo covid19.

La conclusión que saco es que el confinamiento no nos hizo mejores personas. Los buenos siguen siendo buenos, más buenos, y los malos siguen siendo malos, más malos. Peores.

Como decía Hobbes, "el hombre es un lobo para el hombre". El 14 de marzo de 2020 todo cambió. Desde esa día nada es igual...

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