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Curanderos y ensalmadores

18 de Marzo del 2023 - Antonio Parra (Cuideru)

Sebulcor, un pueblo de ascendencia romana de la provincia de Segovia habitado por curanderos y magos.

Sebulcus Sebulcor, porquerizos y quirománticos

Unos arqueólogos de Granada aseguran haber descubierto un sustantivo sin precedentes en la lexicografía hispana: sebulcus, que quiere decir porquerizo, gañán de cerdos. La ignorancia y desidia en que han caído los estudios clásicos (en las universidades se odia al latín y es así porque Roma destruyó a los judíos y estos devuelven la pelota) abocó a la ignorancia de nuestra historia porque en Hispania venimos de Roma y nuestra lengua nació del latín. El termino Sebulcus está contextuado. Varios campamentos emplazados en la calzada romana que une Astorga-Mérida-Tarragona reciben ese nomenclátor subulcus porquero. En la provincia de Segovia cerca de donde yo nací hay un Sebulcor (no confundir con sepulcros). Mis tatarabuelos venían de allí, de esta localidad emplazada a unas cuantas varas de Sepúlveda (septem publica siete puertas). Los de Sebulcor ya no se dedicaban a guardar gochos como sus antepasados los soldados romanos licenciados de quintas. Se especializaron en la medicina natural y a las artes mágicas siguiendo los predicados del marqués de Villena. Mi abuelo Benjamín, al que llamaban el judío, curaba las verrugas de la mano clavo mediante la imposición ocular y la recitación de una serie de oraciones que solo se sabía él. Catarros y romadizos eran para Benjamín Galindo asunto concluido. Aplicando cataplasmas de romero y friegas. Y es que los nacidos en Sebulcor, toponimia romana de la mejor calidad, poseían el don de curar: que es un carisma derramado por el Espíritu Santo. Eran ensalmadores, quirománticos, encantadores, adivinos y, si se quiere, brujos. Enfermos de toda la provincia de Segovia acudían en tropel a los baños de Sebulcor y las parteras de allí eran muy solicitadas en todo el partido judicial porque no se les moría ningún niño. Es un extraño fenómeno (por el nudo al ovillo) el que suscita este nombre, el de la existencia de una medicina basada en la farmacopea cuyo conocimiento era el privilegio de unos pocos elegidos. Eran los hechiceros los magos de la tribu y de ese mundo los romanos que sembraron toda la península Ibérica de estelas funerarias para recordar a sus muertos sabían algo más que nosotros.

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