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Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida

19 de Marzo del 2023 - José Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

Un periodista nos invita a reflexionar en si existen o no los muertos. Queda claro que el alma inmortal es un invento de Platón, no hay nada inmortal en la creación, otra cosa es una vida permanente. Su conclusión se centra en la supervivencia del fallecido en el recuerdo de quién le amó. Este lector acepta el reto con una explicación cristiana sobre la vida y la muerte. El universo está magníficamente diseñado y dotado de una energía total, con un funcionamiento y una regulación constante. Aquí, en este planeta, el ser humano está atacando al sistema de mantenimiento y reciclaje que suministra la vida, y no conocemos ningún otro planeta acondicionado entre los billones de galaxias existentes.

Puede parecer que quien ha creado inteligentemente todas las cosas ha fracasado con el ser humano porque la Tierra se recicla maravillosamente para suministrar vida, pero el hombre para quien se creó muere. ¿O más que fracaso del Creador se trata del fracaso de un ser hecho para vivir, que no acepta las condiciones? Según algunos científicos, nuestro sistema celular está diseñado para una renovación constante; siendo así, deberíamos permanecer jóvenes adultos para siempre. ¿Qué interrumpió esa renovación celular? El hombre fue creado con libre albedrío, no obstante debía armonizar su libertad con la ley física y moral que mantiene el universo, obligándose así mismo a colaborar. Un árbol no está bajo la obligación de no perjudicar al sistema, no la necesita, pero un ser humano sí. Como ya sabemos por la crónica del Génesis, optó por decidir para sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Eso lo desconectó de la Fuente de la energía y las leyes de la vida, y comenzó a morir transmitiendo la imperfección y la muerte a sus descendientes.

Para rescatar de la muerte a quien lo solicite, se abrió una posibilidad al nacer el hijo unigénito de Dios como otro Adán. En este caso, leal a Dios y por tanto capaz de transmitir la vida. Podemos pedir heredarla de Jesús: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Los muertos serán resucitados para que puedan optar también a ser hijos de Jesús por medio de fe (Hechos 24:15).

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