En la práctica
La política es el arte y estrategias de lo posible, partiendo de unos máximos y marcos teóricos, difícilmente conciliables a priori. La economía es lo que configura las condiciones de vida materiales (siendo decisivos, también, factores culturales y espirituales). La creación de empleos, de iniciativas novedosas, el desarrollo de proyectos que vayan haciendo evolucionar las sociedades en una red global, las sinergias y catalizadores surgen de la conjunción de las fuerzas empresariales y los poderes y administraciones públicos. El empresario se beneficia de ayudas y fondos públicos, no siendo tampoco enemigo frontal de una economía intervenida estatalmente, hasta cierto punto. El crecimiento económico sostenible crea bienestar individual y colectivo, genera riqueza visible e inversiones ilusionantes, con unos sectores trabajadores muy dignamente cualificados y clases medias técnicas y especialistas, factores realmente claves, indispensables y sentido de la democracia participativa. La economía social de libre mercado es el paradigma a seguir y aplicar. El socialismo surgió como un gran ideal, no solamente marxista-revolucionario, sino también reformista fabiano, librepensador y humanista, aurora casi sustituta de las religiones tradicionales, en lo que se refiere a redistribución, igualdad y derechos sociales. Se trataba y trata de combatir inercias de brechas sociales enormes y la ausencia total de un estado de bienestar universal, en sociedades industriales. Socialistas han sido Femando de los Ríos, Attlee, Keynes, Leon Blum, Mitterrand o incluso algún sector católico. El socialismo da voz a las mayorías sociales trabajadoras y medias, las promociona en el capitalismo de bienestar fordista y asegura prestaciones universales garantistas, educación y sanidad. Muchas políticas socialistas caen en el burocratismo asfixiante, corrupto y clientelar.
Pero en España, gracias al socialismo, se ha desarrollado la Constitución en una forma europeísta, un Estado democrático y social de derecho, federal, estable y homologable en el entorno de la Unión Europea. El PP está vinculado al crucial sector empresarial privado, al liberalismo-conservador y la democracia centrista demócrata cristiana. Es tecnocrático y de clases medias desahogadas, incluso con una sensibilidad algo socialdemócrata, cuando no privatiza y recorta con saña. Las derechas siempre generan activos, empleo y riqueza, en muchas ocasiones detrayendo fondos públicos para destinarlos al sector privado y a opacos entramados de “capitalismo de amiguetes”, según lo visto. El PP ya no es “la derechona”. Vox es tradición nacional (en realidad, una franquicia española de una ofensiva internacional neoconservadora o de extrema derecha a lo Steve Bannon ), nacionalista nostalgia joseantoniana apasionada, neoliberalismo clásico económico, familiares valores clásicos. Sumar y Podemos es idealismo juvenil, participación horizontal, un poco confederal, exaltada y bisoña, voz justa de colectivos humildes, vecinales, trabajadores, del mundo ecologista, feminista y alternativo. También hay astures siglas regionalistas, moderadas, centristas y de empresarios que envidian el foralismo y el cupo vasco o así. Junto a grupos políticos puramente residuales, que caben en un taxi o una lancha.
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