Vamos a una convivencia tóxica
Qué tiempos aquellos donde se podían hacer chistes, canciones, cine, televisión, teatro, títeres, circos, escribir, decir y hablar de todo respetando los tiempos y los momentos, sabiendo interpretar la diferencia entre ficción y realidad; sin ser señalado por ello de machista, xenófobo, racista, homófobo, fascista... Ahora ni se puede hablar, por temor a no herir sensibilidades morales distorsionadas y puritanas. No todo lo que parece es.
Nos metieron poco a poco y sin límite en la dictadura de las eternas acomplejadas, de las ofendidas por todo. Les van en ello cargos, sueldos y mucho protagonismo; solo echándolas de la vida pública lograremos librarnos de esta tiranía donde hablar, ya no digo con sátira o creatividad humorística, será mal visto y hasta delito.
Hasta su propia sombra les persigue, quieren coartar libertades y voluntades con censura y señalamiento directo (cualquier víctima propiciatoria podrá señalar con su dedo a quien sea) es igual que sea por error, idiotez, estupidez, sin querer, en un momento de pasión, desenfreno, testosterona joven (es cierto, estas nunca fueron jóvenes, no salieron de infantiles), será igual pedir perdón (ellas son perfectas, no admiten imperfección y perdón), solo quieren denuncia y confrontación. Si en una discusión conyugal tienen a alguien diciéndole y repitiéndole que nada de perdón, que cualquier discusión es preludio de maltrato y violencia de género, siempre existirán mujeres que les harán caso, y una simple disputa puede llegar a convertirse en entrelazada disputa que pudiera acabar en tragedia cuando por el medio intervienen otros y con muchos intereses económicos y personales por dilucidar.
Todos tenemos conocidos y familiares que con un poco de perdón por ambas partes (buena gente los dos) no hubieran llegado a tirar por la borda muchos años de convivencia juntos, hijos en común, y mucho amor demostrado. No es posible que toda discusión sea sinónimo de maltrato y final sin solución. Y si llegara a ser el final de la relación, con imposiciones, amenazas, ultimátum e insultos solo se logrará mucho daño mutuo. Mejor separarse valorando todo lo que les llevó a emprender vida en común.
Estas de Podemos convirtieron todos los conflictos en inconciliables y con final irreparable; cuando es incomprensible en personas que llegaron amarse hasta las entrañas. Un fuego jamás se apaga atizándolo. Incluso para conflictos sin solución es mejor bajar los decibelios.
Sus leyes no arreglan las tragedias, cada vez más violencia grupal, más muertes e inseguridad.
"Si no eres parte de la solución, ya eres parte del problema".
La justicia tiene que estar sustentada en pruebas para señalar de por vida a alguien, no digo nada para imputarle o condenarle. No valen leyes del "sí es sí" o "hermana yo sí te creo", la palabra de la mujer debe tener el mismo valor que la del hombre ante la justicia. Lo demás, y lo que estamos viendo, es una anormalidad judicial permitida desde la misma ley.
Por otro lado, la violencia de género hay que ponerla en manos expertas, de profesionales, para de verdad tomar medidas serias después de analizar qué se esconde detrás de tanta inexplicable y cruel realidad.
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