Las escapadas de Tono (II)
Quinta escapada:
Esta vez el susto lo llevaron mis padres. Tono por el verano se iba con ellos unos días a Colloto.
Ese día mí padre fue con él y otros nietos a Las Fogueras a casa de una hermana, todos llevaban bicicleta, pero Tono cuando le pareció se marchó en la bicicleta sin avisar. Cuando se dieron cuenta ya Tono estaba lejos. Ese día los que se movilizaron fueron los vecinos de Colloto, a mi madre y mi padre casi les da un infarto, mi padre decía que si no aparecía se quitaba de en medio porque había sido culpa suya, en fin... Todos buscando a Tono y él está en este mundo de chiripa porque lo que hizo fue ir con la bicicleta por las vías del tren, si pasa en ese tiempo un tren allí lo mata. Un señor que conocía a mis padres lo vio desde la ventana cuando Tono aparcó su bicicleta en la estación para hacer sus necesidades. Tremendo susto para no olvidar. Cuando hizo esa escapada era pequeño.
Sexta escapada:
Esta escapada fue cuando iba al Centro La Unión en Salinas (Avilés). Aquí ya era más mayor. Resulta que si mal no recuerdo llegaba sobre las cinco a casa, se iba por la mañana y hasta esa hora no regresaba.
Ese día cuando se bajó del autobús que lo traía, en vez de venir directo para casa lo que hizo fue volver a Avilés caminando. Nosotros al ver que no llegaba comenzamos de nuevo la movilización, llamada a la Policía Local, estos conectaron con la Policía de Avilés para darle los datos de Tono, la ropa que llevaba etcétera. Mientras su padre y yo, más los vecinos, buscábamos por todos los sitios, ¡una locura!
De nuevo volví para casa para estar atenta al teléfono fijo por si alguien nos llamaba.
Y creo que pasaron como unas tres horas cuando sonó el teléfono y me dicen que Tono está en la cafetería Granada, justo debajo de nuestra casa:
-Geli, soy Lola, Tono está aquí tomando una Coca-Cola.
Yo, ¿pero desde cuándo está ahí?
-Llegó no hace mucho.
Bajo a buscarlo y estaba tan pichi tomando su Coca-Cola que le había invitado Eladio (el farmacéutico).
Después me dio todas las explicaciones:
-Cuando me baje del autobús fui caminando hasta Avilés y fui a invitar a las chicas de Interfilm (casa de fotos donde su padre llevaba a relevar las fotos). Las invito pero me dijeron que estaban trabajando y que no podían (a ellas no se les ocurrió llamarnos para avisarnos).
Y le pregunto: ¿qué hiciste después?
-Nada, fui a una cafetería a tomar algo (él no llevaba dinero, no lo maneja).
Madre mía, Tono, pero si no llevas dinero, no se puede...
-Bueno el señor se enfadó cuando vio que me marchaba y me dijo, oye ¿qué es que no pagas?
-Pues no.
-El señor me dijo... ¡mecagon... (omito la terminación), te voy a dar una hostia que te voy a partir la cara!
-Salí de la cafetería y me fui a dar una vuelta por el parque del Muelle.
¿Y viniste andando para casa?
-No, cogí el autobús.
¿Cuál?
-El de La Luz porque el de Los Campos tarda más.
Y el conductor no te dijo nada.
-No me dijo nada pero quedo alucinando.
Como para no alucinar, se sube al autobús, no paga y para encima se sienta, jajajaja, menudo perla.
Séptima escapada:
Hacemos obras en casa para cambiar todas las ventanas, vinieron los obreros temprano y comenzaron a trabajar (él los ruidos y la casa desordenada no lo soporta). Se fue para el CAI pero cuando volvió para casa a eso de las cinco, cuando vio que la obra seguía, ni llamó al timbre, se largó y fue caminado hasta Molleda, una vez allí, según sus propias palabras, se despistó y un chico que lo vio le dijo, ¿adónde vas?
-Pues no sé porque me he despistado.
El chico lo llevó para su casa y le dijo a su madre que llamara a la Policía. Mientras tanto Tono le dijo a la señora que si le daba de merendar un bocata de chorizo y una Coca-Cola.
Cuando llegó la Policía lo metieron en el coche y lo trajeron para casa. Nosotros con el corazón en un puño y él tan pichi con su bocata y su bote de Coca-Cola.
Esta última escapada (espero que sea la última) fue hace cosa de ocho años.
Toda una vida, llena de dificultades, luchas... pero también muchas alegrías y algún susto que otro.
Él cuando me veía llorar por los nervios pasados durante sus fugas me decía siempre: -Mamá, no quiero que llores, no lo vuelvo hacer más.
Se me parte el alma cuando me lo dice, porque él no tiene culpa de nada.
Tono es el mejor regalo que nos ha hecho la vida a su padre y a mí. Es lo que más queremos en este mundo, lo que ocurre es que el tiempo se nos agota y eso nos va matando silenciosamente a los dos. Tendríamos que ser eternos para estar siempre a su lado.
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