¿Puede la imaginación aproximarse al futuro?
Tonta pregunta, puesto que la respuesta no podrá conocerse hasta no haber llegado a él. Y cuando lleguemos, al que ahora imaginamos, seguiremos sin saber el futuro que, en ese momento, pensamos. El cuento de la buena pipa.
Lo cual no impide que perdamos el tiempo elucubrando al respecto. Y, cada cual, verá la fiesta según le va en ella. Yo llevo un buen rato metido en ella. Motivado por algo descabellado que, así en principio, no parece tener relación alguna con esa movida.
Lo vi en una peli. En ella, injertaban un microchip con cámara en una cucaracha teledirigida.
Es increíble las chorradas que a uno se le pueden ocurrir. Me ha hecho saltar la pregunta: Me dan un chalet en un prau, con vistas al mar y la montaña, por ser yo el injertador, ¿quién podría más, el chalet o el repelús a la cucaracha?
No he logrado contestarme. Lo que me ha traído a esta cuestión de adivinar el futuro. Y lo primero que se me viene. Lo lógico es que el hombre dedique su mayor esfuerzo, o uno de los mayores, a ser su propio dueño.
Si yo reapareciera por ahí dentro de no sé cuántos años, a nadie se le ocurriría ofrecerme un chalet por coger una cucaracha, digo yo, pues imagino que esos repeluses ya habrían pasado a la historia y, para ese entonces, cogería una cucaracha como ahora puedo coger una patata frita.
La prota de la peli era terrible, tremenda. Temible. ¿Por qué? Porque, además de que no era tonta, por no decir que no los tenía, controlaba plenamente sus impulsos y sentimientos. Carecía de problemas a la hora de elegir los medios más adecuados para lograr el fin que buscaba.
De manera que, imaginando un futuro a mi medida, en vez de controlar cucarachas, eso habría quedado atrás, se controlaría el ser humano. Se habría conseguido un chip autoalimentado, que, implantado en el cerebro, eliminara todas las inhibiciones que limitaran las deseadas consecuciones. Con esto habríamos, por fin, liberado nuestra psique de ese gobierno de no se sabe qué.
Quedaría la jodición de nuestra parte física, limitada y maltratada por infinitas causas de todas las razas y colores. Contra eso solo un remedio posible, eliminarla. Sustituirla por un cuerpo robotizado incorruptible, ¡pero sensible! Los cinco sentidos tal cual.
De manera que, en síntesis, para rematar. Lo que es yo, sería un robot, sin sentimientos pero sintiendo, con cerebro ¡propio!
Un yo en mi mano para gozar como un enano. Toda la eternidad. O, al menos, toda la eternidad que durara el ser humano.
Si es por imaginar...
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