El silencio de la censura
“Se reconocen y protegen los derechos de expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica, a la libertad de cátedra, a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión(…) El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. Esto es el artículo 20, sección 1ª, capítulo II del Título I “De los derechos y deberes fundamentales” de nuestra Constitución Española. Muy idílico todo, pero me río, y no de Janeiro, precisamente. Lo que son las cosas, mirando mi móvil, me salta un TikTok de Iker Jiménez hablando del maltrato y el silencio periodístico. Sobre qué está pasando con tanta noticia de violencia machista y luego queda reducido a un número estadístico a fin de año. Iker habla de la censura, y sí, claro que la hay. Eso que parecía extinguido como el tigre de Tasmania o el australopithecus y que tan solo parecía existir en época franquista, resulta que a día de hoy estamos igual, no, peor, porque se entiende que estamos en democracia, no en una dictadura. Artículos, noticias, opiniones que no interesan que salgan a la luz y quedan prisioneros de un cajón, en el más absoluto silencio. Cabe pensar, a una buena, que se puedan haber enviado a la Policía para que investiguen, todo puede ser. Porque miren, maltratadores ha habido, hay y habrá toda la vida. Ahora se reproducen como hongos, son una plaga de esa que ni con la mejor empresa antiplaga es posible exterminar. Los hay hasta bien vestidos y hasta los que te hacen una parrillada en el monte en un santiamén. Las experiencias traumáticas quedan adheridas a tu propio ser, como los restos de unas lentejas quemadas en el fondo de la olla y, que por mucho que rasques, siempre quedará algo de mierda que quitar. Lo mismo que una señal que tráfico en plena carretera secundaria tapada por unos arbustos. Está ahí y si te la saltas, la multa te va a llegar. A ver cómo le dices a un juez/jueza la similitud de esto con la dichosa falta de pruebas. Experiméntelo usted, Su Señoría, que el que no se vea no quiere decir que no exista, pero existe, aunque no se vea. Luego si quiere hablamos tomando un café solo con hielo, un té o una ti-la-la.
Clara Soto Jiménez
Gijón
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