Los sociolistos
Los sociolistos son un subgénero de socialistas donde no solo se aglutinan los “listos” -por pillos- del partido. ¡No!, los sociolistos son todos aquellos partidos que valen igual “para un roto que para un descosido” y que con la única finalidad de “tocar poder” se unen a ellos, siempre -eso sí- esgrimiendo un bien superior o una razón de Estado...
Y vamos, falsos unos (los socialistas por aceptarlos) y falsos los otros, por arrimarse al “sol que más calienta”. Y eso es lo que quiere hacer este PP; no ahora, todo hay que decirlo, si no desde Valencia, donde se echó a los conservadores y hoy se insiste en mantenerlos fuera de cara al 23J.
Les da vergüenza reconocer a Vox, como les da grima reconocer a Mayor Oreja o a María San Gil... y tragan, con dificultad, a Ayuso. Esa es la realidad a día de hoy; y quien lo niegue, que lo razone, como yo lo hago, y a continuación, si le apetece, lo desarrolle.
Un gallego en la Luna, ¡es posible!, ¿por qué no? Pero un gallego presidente del Gobierno y militando en el PP, como que ¡no! No es Feijóo el presidente del Gobierno que España necesita. Vale para una transición necesaria. Es un buen gallego, que ejerce como tal, que no ha tenido apenas oposición en su tierra, y que puede ser el puente necesario para una presidenta como sería y terminará siendo Isabel Ayuso.
Y eso lo sabemos y lo esperamos una mayoría. Y a ello le temen no solo los sanchistas (que son una clase dentro de la nomenclatura socialista), sino toda la izquierda bolivariana que pulula por los Madriles hoy, junto a algunos vascos, navarros, gallegos, valencianos, y catalanes. Es decir, los que no quieren pertenecer a España, ni por el forro. Claro que eso no lo deciden ni Rufián, ni Puigdemont, ni Pedro... ni Pablo.
España es de los españoles, y estos apátridas independentistas lo son solo de la internacional social-comunista de Puebla... bolivariana y comunista.
Así que, Sr. Feijóo, mirada al frente... las verdades por delante, que ya los españoles sabremos elegir entre quienes venden humo o solo lo generan para que no encontremos el colegio electoral. Así pues, aquellos que lean esta reflexión, aquellos que consideren que se acerca a su visión de la vida ordinaria, aquellos que sientan que hay que defender los valores y principios de nuestra tradición occidental, no consientan nunca que coexistan dos únicos partidos.
Hay que pactar, sí o sí; lo demás puede llevarnos a la imposición oligárquica de una mayoría, sea esta de izquierdas o de derechas... sobre una minoría; lo que significa que no será respetado uno de los derechos humanos fundamentales, que tras el de la vida, es el de la libertad. Más bien todo lo contrario. Será la dictadura de una mayoría, en detrimento de una minoría, y que a veces esta lo es por un solo voto, terminando en la mayor de las injusticias. Y es que la democracia, por sí sola, no es sinónimo de Libertad ni garante de ella.
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