Paridades
Soy funcionario del cuerpo de Enseñanza Secundaria y como tal me he visto obligado a participar en un proceso selectivo que no me agrada, en el que no confío y que no garantiza el acceso de los mejores, entre otras cosas porque se ignora la dimensión pedagógica del oficio y talento y entusiasmo sucumben bajo el peso de la antigüedad. Sin embargo, asumiría la parte que me toca si no fuera porque mi recurrente presencia como vocal en tribunales de oposición se debe fundamentalmente a mi condición de varón. Y eso me molesta, ya ven. Conocido es que las leyes y normas que se venden como grandísimas conquistas sociales se aplican después de aquella manera por la Administración política, a la que le da igual ocho que ochenta, sometiendo ciertos procesos a tensiones innecesarias. Y eso ocurre con lo que le dicen "paridad", y que es norma que determina la constitución de los tribunales. En la especialidad que me ocupa, un grupo de señores, siempre los mismos, son los que desde hace unos años controlan el acceso de sus compañeras a la condición de funcionarias. La razón es que los hombres son minoría en un colectivo docente mayormente femenino, y eso determina que convocatoria tras convocatoria sean sistemáticamente requeridos para conformar tribunales al 50 por ciento. Lo que de otra forma pudiera ser interpretado como una práctica intolerable de nepotismo "heteropatriarcal", en nuestra región es una demostración de que la conciencia progresista está por encima de las matemáticas. Lo mismo ocurre cuando las mayorías se invierten y casi no hay señoras en la especialidad. Sin embargo, citar el caso análogo puede resultar políticamente incorrecto y, por ende, denunciar una desproporcionada presencia femenina en cualquier ámbito me podría llevar a la picota. Así que me voy a refugiar en la bobería del sexo en tanto en cuanto delata prácticas que van en contra de lo que pregonan. Animo pues a los colectivos que se sientan concernidos a que velen por que en próximas convocatorias no me vea en la tesitura de volver a escribir otra carta para reivindicar lo obvio: que los merecimientos o conocimientos profesionales del varón que esto suscribe no son necesariamente de mayor o menor enjundia que los de aquella compañera (mujer) a la que, por mor de un sencillo sorteo con bolitas de bingo, le hubiera correspondido ocupar mi puesto como vocal.
Francisco Javier Ruiz Urraca
La Carrera (Siero)
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