La esperanza de los perdedores
Parece inevitable que el populismo de derecha en Europa siga los pasos de Hungría, Polonia, Italia, Finlandia y Austria, desempeñando un papel cada vez más influyente en los próximos años. Eso mismo parecía que iba a ocurrir en España, donde mayoritariamente dábamos por muerto a Sánchez... “Y no estaba muerto, no, y no estaba muerto, no; estaba tomando cañas, lerelele” (Peret).
A Pedro Sánchez sólo le iba a votar Txapote y, si acaso, la banda del tito Berni. Pero al inextinguible (reconozcámoslo) Sánchez, además de los casi 8 millones de españoles, también le han votado los gerifaltes de Bruselas y la OTAN, los mandamases del foro de Davos y hasta la BBC, que son los que de verdad cuentan.
Y cuentan porque es un plus que, por el momento, un gobierno presidido por Sánchez (y los sindicatos) “garantice” que no haya huelgas generales, referendos secesionistas, protestas antisistema de los antisistema (UE y euro), rebelión por la subida de impuestos, por los peajes en las autopistas, por el trabajo precario o el empobrecimiento de las clases más desfavorecidas, por el desastre en la sanidad o en la justicia, las hipotecas imposibles... Paz, paz social.
Con la percepción de Meloni (“ha llegado la hora de los patriotas”, por Vox), coincidían todas los encuestas nacionales sobre intención de voto y, con la referencia de las pasadas municipales, la aparente mayoría de los votantes españoles y analistas extranjeros.
Pero ha saltado la sorpresa. Vox se ha ido inesperadamente de bruces contra la dura realidad y en el porrazo ha perdido 19 dientes, dejando a Feijóo con tres palmos de narices y facilitando que Sánchez vuelva a hacer de las suyas y “prometa”, a expensas de diabólicos y onerosos pactos, seguir cuatro años más en la Moncloa.
Los de la boina y barretina, PNV y Junts, se frotan las manos ante la lluvia de dinero que pronostica la Aemet monclovita para sus comunidades independentistas.
Ellos son claramente los ganadores absolutos de estas elecciones porque para formar gobierno (suponiendo que no vayamos a nuevas elecciones) cualquier combinación de partidos (centroderecha+PNV, o centroderecha+Junts, o izquierda+PNV+Junts) necesita que al menos uno de ellos dé su visto bueno.
A esta remota posibilidad se aferra el PP y echa cuentas: Si el PNV hace el Tancredo, el año que viene PSOE+Bildu le quitan la Presidencia del País Vasco, así que deberían envainarse su intención de no votar una investidura con Vox en el gobierno, y votar PP.
En Cataluña el lío es todavía peor porque es el mismo PSOE el rival de los nacionalistas de Junts, rivales a su vez de los socialistas.
Lamentaría que Sánchez con sus “argumentos” convenciera a Puigdemont, o que este convenciera a Sánchez con los suyos, y el autoexiliado se plantara en el Prat, a bordo de un Falcon, y recorriera las calles de Barcelona bajo palio (como Franco), con Sánchez y sus ministros haciéndole la ola.
¡“Cosas veredes, Sancho, que no crederes”!
Saludos cordiales.
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