Bellísima Laboral
Desde la distancia es una gloria, una ofrenda visual posada sobre un entorno que parece surgido de aquel Jardín del Edén aún por localizar, y esa torre, por Dios, esa torre que emerge entre tantos verdes, ¿qué y a quién convoca?
Y no causa fatiga mirarla porque no te saturas de su quietud y humildad, de su calma, está ahí y es grandiosa, aunque por algún sentimiento de culpa trata de evitar esa apariencia, pero te llama y entras, y ya dentro no quieres irte.
Pero aun estando ubicada en la mismísima ciudad, Gijón no se ha esmerado en integrarla y parece querer mantenerla aparte y a su espalda, quizás porque en su origen reside un inconfesable pecado que excede los límites del derecho al perdón, así que quedó en orfandad, que es para lo que un día nació. Y para símbolo de la ciudad han preferido un elemento escultórico en el que si alguna sensación predomina es la de una sobrecogedora y deliberada incomunicación que te expulsa del lugar, algo así debe de ser la nada.
Y, de vuelta a la Laboral, la clase política (salvo Areces) no la ha visto o no la quiere ver, y preferiría que no estuviese, así que le regala indiferencia. Y los expertos en la cosa consideran que su valor arquitectónico es pobre. ¿Por qué no los inhabilitan?
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