Después del Angliru, la cuesta de septiembre
Vuelven la depresión posvacacional, los latigazos y el remo en las galeras, las hipotecas al 5%, el estresante pago a Cofidis, al tiempo que mientras el resto de nosotros, los autómatas homogeneizados, seguimos sin poseer nada, viviendo la mitad de nuestras vidas y siendo felices en una realidad virtual, se pone de manifiesto otra realidad paralela, cual es el despiporre vergonzante y agravio comparativo por la traición de la mayoría de los diputados.
Prefieren cobrar del Estado un pastizal, no pagar impuestos, porque casi todo lo que reciben está exento, irse de comilonas pagadas a buenos restaurantes, viajar en bussiness (viajar en turista es una ordinariez), coger taxis hasta para ir a la vuelta de la esquina, hablar todo el día por el iPhone gratis, estar todo el día enganchado a internet con el iPad gratis, hacerse un capital y comprarse un casoplón de rebajas con condiciones preferentes. Un ejemplo solidario para todos.
Aunque la realidad, nos cuentan, es que habiendo estado a la cola de Europa en la recuperación poscovid, salimos mejores de la pandemia y, aunque los salarios están estancados desde hace un montón y el gasto en pensiones acaba de superar los doce mil millones mensuales, lo importante es que, en un extenuante esfuerzo veraniego, hemos podido parar a la extrema derecha, porque esos son capaces de bajar impuestos y precios, y en un país socialista como este no se debe permitir tamaño desvarío.
Deberíamos evitar a los que nos traicionan, ignorarlos, deslegitimarlos, cancelarlos, censurarlos, denunciarlos, y vaporizarlos.
Por supuesto, también forma parte de la agenda despojar a la humanidad de cualquier fundamento moral y despojarla de cualquier creencia en Dios o en una inteligencia suprema, o como quiera que uno quiera definir los misterios superiores de la realidad.
Mensajes buenistas aparte, lo cierto es que, tras las vacaciones, se hace necesaria una revisión y ajuste del presupuesto, porque el cole de los niños exige uniformes nuevos, cortes de pelo nuevos y zapatos nuevos, imprescindibles para un buen rendimiento escolar y causantes de una merma notable en el ahorro familiar.
Saludos cordiales.
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