Reflexiones de mi camino
Hoy hago una parte del balance de mi camino por la vida, cuando ya he vivido más de la mitad de la misma y en nada dejaré el otoño para adentrarme en el oscuro invierno y etapa final.
Aunque suene pesimista, para nada lo es.
Siempre he sido muy positiva pero no por eso voy a ignorar la realidad, soy positiva pero muy realista, estos dos términos no están reñidos el uno con el otro.
Para poneros en situación, os digo que cuando era jovencita escuchaba decir:
"Los viejos se creen que tienen derecho a todo y no se cortan un pelo en decir lo que les da la gana sin importarles las consecuencias".
Pues ahora lo entiendo, y no es por "vieja", viejos son los libros, los zapatos, etcétera (el edadismo siempre hace acto de presencia). Como decía, no por ser mayor te tienes que conformar con lo que digan los demás y mucho menos permitir que te censuren.
A mis casi 70 años voy sin filtros y dijo lo que pienso en todo momento; no me queda tiempo para reírle las gracias ni ser la palmera de turno de nadie.
A las mujeres nos enseñaron a ser sumisas y a tener la casa en perfecto estado de revista para cuando llega el marido cansado de trabajar, ¡como si las mujeres no trabajaran dentro y fuera de casa!
Nuestras abuelas y madres trabajaban en casa y en el campo. Atendían a sus hijos, al marido a los abuelos, al ganado y trabajaban sembrando la tierra, de aquella se comía muy sano y nada contaminado. No había los electrodomésticos que tenemos ahora, por lo tanto para lavar la ropa se iba al río y el agua que se bebía la recogían de las fuentes y a carretearlo para casa.
Pero claro, ¡ellas no trabajaban! Era solamente el marido el trabajador, el que llevaba el sustento para la familia.
De aquella había muchas mujeres que, aparte de lo arriba mencionado, iban a "asistir": así les decían en el mejor de los casos a las que trabajaban en casas de los más pudientes, mayormente las llamaban criadas.
Criadas explotadas por la señora venida a más que con pocas pesetas las liquidan, sin descanso ni vacaciones, en fin...
Recuerdo escuchar a algunas madres que les decían a sus hijas: prefiero verte muerta antes que separada, el divorcio es el fracaso del matrimonio... ¿Perdón?
El verdadero fracaso es seguir juntos cuando ya se acabó la historia y dando malísimo ejemplo a los hijos, que son los que pagan los platos rotos... En fin.
Nada es para siempre, y esa letanía de "hasta que la muerte os separe", otro cuento de Cenicienta que en gran medida desde los púlpitos el machismo con sotana predicaba y alentaba a las mujeres a aguantar todo y a ser poco menos que tuteladas por el marido, ya que sin su consentimiento no podías hacer nada.
Por desgracia, aún en pleno siglo XXI poco hemos avanzado y lo conseguido fue a fuerza de gritar y reivindicar los derechos que deberíamos tener, pero en algunos aspectos estamos en pañales.
Por eso digo que a estas alturas de la película, y cuando el invierno está llamando a la puerta, hay que aprovechar cada minuto y hacer lo que nos dé la real gana.
Vestir lo que nos guste y no estar esperando la aprobación de los demás.
Arreglarse para una misma, no para el marido, como dicen los sotanados con ideas obsoletas y arcaicas.
Solo faltaría que si a los maridos les gusta el pelo largo, pues a lucir melena pantojil... Vamos a ver, ¿a tu marido le gusta el pelo largo? Vale, que se deje melena él, y si tiene escasez capilar que se ponga extensiones. Asunto resuelto.
A mí en particular me la trae al pairo lo que digan los demás, viviré lo que me quede de vida en libertad (no es que no la tenga), me refiero a la libertad mental y a tener la potestad de hacer siempre lo que me dicte el corazón.
Vivir para cumplir mis expectativas, no las de los demás, es mi máxima.
Vestir y arreglarme es mi mandamiento.
Salirme de lo estipulado y no ser la oveja que sigue al rebaño es de obligado cumplimiento.
Salir del carril es mi divertimento.
Tener un punto de locura es sagrado porque es necesario para vivir; además, los que se consideran cuerdos me aburren mucho.
Podría seguir pero lo dejo para otra ocasión.
Para terminar, quiero decir que si para todas las mujeres esto que he escrito es importante, para las madres de hijos con DC es más importante todavía, ya que nuestra situación a veces te ata de manos y pies no tenemos ayuda de nadie.
Nuestro ocio, descanso, momentos para nosotras depende del paso que marquen ellos, y hay casos sangrantes que deberían contar con recursos para descanso de las madres (algún padre también hay, pero son los menos).
De todos es sabido que las madres somos las principales cuidadoras, por no sé cual decreto pero así es.
Les pido a los políticos en general y al Ministerio de Igualdad en particular que se acuerde de las madres de hijos con DC porque parece que no existimos.
Las madres no tenemos descanso al ser las principales cuidadoras, nuestro descanso será cuando nos llegue la hora de partir de este mundo.
Igualdad para todos/as.
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