Valores, justicia, principios... no van con un gobierno que pacta con delincuentes
Para que una sociedad prospere y pueda vivir feliz y en paz, deben existir premisas irrenunciables:
1) La libertad de cada cual a ganarse la vida como quiera dentro de las normas establecidas. No pueden inmiscuirse los poderes del Estado en la privacidad. Intimidad y la propiedad de nadie, salvo por causas muy excepcionales. Vemos cómo desde posiciones ministeriales se prohíben y censuran comportamientos de decisión personal que solo afectan a ellos mismos. Cada cual con su cuerpo y mente es libre de hacer lo que desee si no es obligado o daña a terceros. No todos tienen las misma oportunidades y las mismas capacidades para afrontar la vida como a ustedes les gustaría. Dejen que cada cual explote sus cualidades aunque para nosotros nos parezcan de poca consideración. Vivan y dejen vivir. Tu vida no es la de los demás. Tus prejuicios y complejos tampoco.
2) Que las normas establecidas no impongan censura, moralinas y ofensas sensibleras. Es tiranía.
3) Que los poderes del Estado estén al servicio del bien general. Que garanticen los servicios básicos a la población (sanidad, educación, servicios sociales y pensiones). Que apuesten por la investigación, el emprendimiento, el compromiso con el respeto a la libertad de expresión y la libertad de inocencia. Y una apuesta sin límite por la vida y la defensa de valores que se van perdiendo: respeto, educación, cumplir la palabra, honradez, compañerismo, solidaridad, disciplina, compromiso...
Un Estado de derecho no puede atrofiar la economía, debe facilitar el libre mercado, estando atento a abusos y corruptelas. Siendo contundente con los delitos y delincuentes. No pactando con ellos, menos blanquearles delitos para mantenerse en el poder. Esto es indecente y hasta delictivo. La amnistía es anular el poder judicial, borrar delitos y delincuentes. Un gobierno que pacta con delincuentes es un gobierno que no debemos respetar.
4) Las administraciones deben velar por la seguridad, la solidaridad y apoyar empresas, familias y ciudadanos que por azar de la vida en un momento dado, enfermedad, discapacidad, edad... se encuentran indefensos para competir en un mundo que convertimos en sálvese quien pueda. Vemos cómo hipócritamente se dice luchar por la igualdad y al mismo tiempo abandonamos ancianos, de ellos el 75% son mujeres, muchas viudas con pensiones que no les dan para vivir, sin salud, sin memoria, sin vergüenza por parte de todos, muy especialmente por esas feministas que dicen defender a las mujeres ¿estas no lo son, hipócritas?
Vivimos tiempos que es conveniente repetir bien todo lo anterior. Existe un peligro enorme de caer en un Estado democrático fallido, donde sirva todo para estar, y al mismo tiempo se corten derechos y libertades personales.
La vida es cúmulo de vivencias no siempre acordes a la racionalidad, existe riesgo y personas dispuestas a jodernos la tranquilidad. Si por esos pocos empezamos a sospechar del resto, estamos abriendo una puerta al recelo, a no fiarnos de nadie, a victimizarnos, a dividir la sociedad... No es bueno acobardarse, no es bueno que los malos hablen y los buenos callen. No es bueno que algunas aprovechen estas situaciones y tragedias para vivir de ellas y erigirse en guías espirituales de colectivos que van atemorizando y hasta llegan a creerse víctimas propicias.
Sean felices, no teman a vivir. Los malos se crecen ante la cobardía de los buenos.
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