Una amnistía económicamente muy rentable
En el debate sobre la amnistía estoy viendo más odios que sumas y restas de dinero, y eso tampoco es bueno porque la judicialización del Procés nos debe estar costando un pastizal, hasta el punto de que nadie, que yo sepa, enseña cálculos contrastables.
En cambio, sí se acusa mucho a los independentistas de arruinar Catalunya siendo ellos catalanes, pero no recuerdan que fue Rajoy quien aprobó el decreto para que las grandes empresas pudieran seguir en el Reino de España huyendo de allí.
Si una pronta amnistía no lo remedia, será cosa de empezar a preocuparnos por lo mucho que nos van a terminar costando las acciones represivas y judiciales que siguen vivas contra cientos o miles de independentistas, que ni unos ni otros saben cuántos.
Y no solo eso. Son incontables los perjuicios a terceros ocasionados por los retrasos de una Justicia que ya es muy lenta desde siempre y que, al aumentar su carga de trabajo, terminan pagando justos por pecadores, con p de políticos españolistas que no quieren negociar porque no tienen que pagar de sus bolsillos los gastos jurídicos.
Y otra más. Resulta que también hay que mantener con vida a los presos, aunque sean catalanes. Otro coste del que también se olvidan los defensores de la reducción del gasto público.
Pero nunca debemos renunciar a buscar el lado bueno de cualquier idiotez. A tope contra la amnistía, miles de seguidores de Feijóo, Ayuso, González y Guerra, por poner cuatro nombres, se estarán concentrando ahora mismo en Madrid y dentro de unos días lo harán en Barcelona; me da igual lo que griten porque tienen derecho, pero que sí harán mucho gasto privado en transportes, bares y restaurantes para satisfacción de las haciendas madrileña, catalana y estatal, es decir, dos gobiernos de aquellos a los que los convocantes odian por uno solo de los suyos.
Lo dicho sobre la amnistía, todo son beneficios desde el principio. La tercera concentración deberían convocarla en Waterloo para besar por donde pisa Puigdemont.
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