El lobo hasta en la sopa
Las exigentes normas que regulan la protección de la fauna salvaje en nuestro país y en Europa han propiciado un aumento de los lobos (según el Gobierno, han descendido), que en el caso de Asturias, ha causado daños irreparables en nuestra cabaña ganadera.
Concretamente, en 2022 se ha constatado la existencia de 40 manadas, justo el doble que en el 2020 (según el Gobierno, han descendido), y desde que se aprobó con Pedro Sánchez que el lobo sea intocable, se han registrado 35 ataques diarios al ganado en nuestro país (según el Gobierno, han descendido), ninguno en los jardines de Moncloa.
Tiene que morir a dentelladas el poni de Ursula von der Leyen (intolerable después de los de Rubiales y el desplante de Sánchez en el Congreso), para que la UE se replantee las medidas ultraproteccionistas del lobo. ¿Cuántos ponis, caballos, ovejas, terneros, gallinas y perros han matado los lobos por culpa de las enfermizas políticas ecologistas?
La Comisión Europea ha decidido relajar las estrictas normas que protegen a los cánidos (en expansión, no en peligro), en perjuicio de las ganaderías y las personas en general, después de haber constatado a través de numerosos informes, que el número de ejemplares se ha duplicado en España en solo 2 años (según el Gobierno, ha descendido), y en Europa.
Continuamente se producen accidentes de tráfico por culpa de los jabalíes, algunos incluso con muertos. ¿Tendrá que tener un accidente algún político con su coche contra un jabalí para que se tomen medidas, o será suficiente con el poni de Úrsula?
Al final, a pesar del Gobierno, tendremos que reeducar a los lobos fachas para que se vuelvan veganos, o tal vez podríamos aprovecharnos de la sabiduría de la Naturaleza para enviar a Marbella el excedente de lobos que tenemos en Asturias, a cambio de que Marbella nos envíe el excedente que tiene de jabalíes.
La Naturaleza haría el resto sin que fuera necesaria la intervención de la señora Von der Leyen, ni tampoco "esa triste tribu de mujeres altruistas, portadoras de sandalias, y bebedores barbudos de jugo de frutas, que acuden en masa al olor del 'progreso' como moscardones a un gato muerto", que así es como George Orwell describió mordazmente a los vegetarianos.
Saludos cordiales.
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