Confundido por el carisma del líder
El carisma es, por supuesto, un “don otorgado por los dioses para atraer, seducir y captar a otros”, convirtiéndolos en adeptos y admiradores que, en casos extremos, serán fanáticos incondicionales dispuestos a todo por su líder.
El líder carismático o pseudocarismático es expansivo, constructivo, megalómano y despiadado, líder natural que ha perdido el miedo a ser juzgado, con hambre inmensa de poder y convencimiento de su papel histórico e importancia, es, por eso mismo, peligroso, muy peligroso, y por ello tenemos que encontrar formas de desconfiar y alterar la extraña tendencia psicológica que, en todos los órdenes de la vida, muchos de nosotros tenemos a ceder y enamorarnos de personas manipuladoras con poder, especialmente el poder de la palabra.
El mayor de los riesgos del gobernante carismático o pseudocarismático es el de sentirse iluminado y creerse la encarnación de las esperanzas de todos. Su poder, por razones morales y para el bien de todos, no debe tener límites, o eso cree.
Le ha venido a la mente Pedro Sánchez, ¿eh? No, en este momento no me refiero a nuestro amado líder, sino a un relato muy conocido de la Biblia que protagonizan el rey David y Betsabé.
Cuenta que un hombre poderoso y carismático ve a una bella mujer bañándose desnuda a través de la ventana y envía a un par de matones para subirla a su habitación. Esa noche tiene relaciones sexuales con ella y se queda embarazada. Posteriormente, en un intento de encubrimiento, el hombre poderoso mata a espada al marido de ella, Urías el hitita. Fíjese qué historia para aplicar la ley del “sí es sí” sin restricciones y sacar del ostracismo a su promotora.
No obstante, dice el relato, Dios denunció y puso en evidencia a David por medio de una parábola: “¿Por qué menospreciaste a Yahvé haciendo lo malo a sus ojos, matando a espada a Urías el hitita, tomando a su mujer por mujer tuya (...)?”. Samuel 12:9.
En referencias posteriores, Betsabé fue representada a menudo como una ramera lasciva que se había ofrecido a él en bandeja. Ella lo estaba pidiendo. Las mujeres, y no sólo las mujeres, siempre deseaban a David. Hasta la Biblia se rinde ante su buena apariencia: “Era rubicundo, tenía ojos hermosos y era guapo”.
Cambiando de época, usted que tiene una mente ágil, ya ha identificado el paralelismo con un varón contemporáneo, hispano, carismático, guapo y con poder, engreído y vanidoso, al que todas las mujeres, y no solo las mujeres, siempre desean, pero ¿quién es Betsabé en el momento actual? ¿Se atreve?
Saludos cordiales.
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