Pie en pared
El domingo día 8 de octubre hay una manifestación en Barcelona contra la amnistía de los golpistas catalanes y en defensa de la Constitución. La pseudoizquierda ya está haciendo ingentes esfuerzos desde su poder propagandístico para blanquear el olvido del delito, que el propio presidente del Gobierno no se atreve a llamar por su nombre, mediatizar y dirigir los órganos superiores de la Justicia y para tildar a los que salgan a la calle con la bandera de España como gentes de derechas y de ultraderecha “que no tienen una visión clara de lo que necesita nuestro país”. Pero, hoy, más que nunca, quiero recordar el discurso del ex secretario general del PCE Paco Frutos en una manifestación similar en Barcelona en octubre de 2017 (que usted no se puede perder y debe ver en Google) en la que confesó ser un “botifler”: “Yo soy un traidor al racismo identitario que representáis”.
Hace falta frotarse los ojos para ver que todo lo que está sucediendo no es un mal sueño y, en esta pesadilla, la amnistía a Puigdemont y sus compañeros de correrías es solo una gota más en el mismo vaso. Asistimos a la demolición de los estados-nación de Europa, bien por la incapacidad manifiesta de los que la gobiernan, bien por una agenda perfectamente planificada o bien por ambas cosas. En este sentido las tensiones nacionalistas e independentistas, que afectan ya muy gravemente a España, son solo una cara más del poliedro. Tanto la pseudoizquierda como la derecha “civilizada” comparten la misma hoja de ruta. Hasta el Rey lleva en la solapa el pin de la Agenda 2030 en vez del de la bandera de España. Las estúpidas leyes de género y trans, el patrocinio y financiación de la inmigración irregular masiva, la islamización de Europa, la destrucción del tejido industrial, agrícola y ganadero, la guerra híbrida contra Rusia. Si a cualquiera de nosotros nos hubieran dicho hace pocos años que íbamos a ver a los socialistas y a los comunistas diciéndonos que no hay que comer carne, que es mejor y más ecológico comer gusanos y escarabajos, que hay que enviar más armas y más dinero a los nazis, que te puedes cambiar de género solo con tu deseo o que la amnistía a los golpistas es maravillosa, no nos lo habríamos creído. La demolición e instrumentalización política sectaria de las estructuras familiar, educativa, social y estatal forman parte del plan, una hoja de ruta donde los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad, porque son el instrumento necesario para la alienación de las masas.
Occidente se cae a pedazos, que nadie sueñe que los estados-nación se van a desmoronar en Oriente. Las imágenes de miles de personas andando como zombis en EE UU por el fentanilo que empezaron a recetar masivamente los médicos corruptos son patéticas. Ponga usted las barbas a remojar, porque el plan empezó en EE UU, no en China ni en Rusia, y lo mismo que de allí han venido las modas Woke, que con tanto empeño y afición ha abrazado la pseudoizquierda, lo mismo puede pasar con el fentanilo. En Suecia han tenido que sacar el Ejército a la calle, las políticas del buenismo sí eran en realidad estúpidas. Como en Francia, el cuento chino de la multiculturalidad y la convivencia pacífica de gentes de muy distintas procedencias y de muy distintas religiones y culturas ha sido un estrepitoso fracaso. En Suecia y en Francia hay barrios enteros donde rige la “sharía”, las leyes y el Estado ya han desaparecido, mientras arden las calles, al tiempo que en el Sur de Europa continúa la inmigración irregular masiva, sea a través de Lampedusa o en la isla de El Hierro. Es el suicidio colectivo, aunque el domingo habrá mucha gente que reaccionará también en Alemania.
Pero, algunos ya hemos puesto pie en pared. Hay un vídeo encantador, que también puede ver usted en Google, del Coro Gay de San Francisco; si usted tiene hijos, seguramente, después de verlo, dirá que se ha acabado el buen rollito y que hasta aquí hemos llegado, por si no le sirve todo lo demás que está pasando a su alrededor.
Francisco Frutos, el coherente y honrado camarada, ya está dando geranios, pero nos ha dejado su legado, su resistencia, su lucha. Lo confieso, yo también soy un “botifler”.
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